ES IMPORTANTE SABER

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martes, 31 de enero de 2012

Reina de Bastos - Cecile Perret


Más de Cécile, acá.








































La Reina de Bastos


La Reina de Bastos es una persona capaz (o la capacidad de una persona) de ser fogosa y pasional pero no descontrolada ni violenta, aunque estas posibilidades estén constantemente cerca.

Es la intuición ciega pero certera, no tanto acerca de lo que se debe hacer en cada momento, como de lo que se debe aceptar y lo que no, de lo que gusta y lo que no, el reconocimiento sobre cada cosa acerca de si es lo que quiere o no, aún no sabiendo o pudiendo expresar lo que quiere.

"Huele parecido" es lo que puede pensar esta persona, o una persona regida o representada por el principio que indica la carta.

Es al mismo tiempo entusiasta y apacible, pero se puede llegar a desbordar.

Sabe administrar su entusiasmo y su placer para que no se agote, pero no lo puede hacer durar más de lo que dura el fuego por sí mismo.

Pero sabe dónde encontrar la próxima hoguera, y, si se comunica bien con las demás reinas, sabe cómo mantener la misma encendida.


La acción de lo femenino es permanecer abierta y receptiva, dispuesta a la fecundación.

La acción de los Bastos se desarrolla en lo instintivo, lujurioso y pasional.

La Reina de Bastos es la fuerza centrípeta que absorbe, convoca, llama, atrae y recibe a todos los fenómenos de fuego: es la sensualidad, las ganas de dejarse estimular por la vida, el deseo de recibir sensaciones intensas del mundo.


En la carta del mazo de referencia, la figura tiene varios elementos emblemáticos, símbolos que dentro del mazo aparecen repetidos como un código.

El primero y evidente es el basto (o bastón) que la reina sostiene en su mano derecha.

Ya dijimos que ese basto representa su propio entusiasmo, libido e instinto. Esto suele ser llamado, también, "la voluntad", por ser el deseo que precede a la sensación, razón y acción.

El hecho de que en otras cartas estas salamandras se arqueen sobre si mismas sin llegar a morderse la cola indica la fugacidad del fuego de los bastos, que no logra regenerarse a si mismo: lo intenso y efímero es una cualidad crucial de los bastos.

Dado que lo centrípeto es particularmente favorable a la conservación para el elemento fuego, los leones son el animal de fuego de la Reina (los leones son una forma de fuego estable, como vimos).


El gato negro erizado, indica la cualidad temperamental propia de todos los bastos, que en esta carta representa la tendencia a que la apertura al estímulo pueda convertirse en irritación por exceso en cualquier segundo.

El límite entre satisfacción y abuso es difícil de mantener para los bastos, y así como la reina convoca permanentemente, puede repentinamente cambiar de signo y rechazar con ferocidad cuando siente que lo que viene no es deseado, o adecuado, o simplemente está temporalmente satisfecha, o el estímulo es del tipo de los que producen violencia.


La facilidad con que un gato pasa del placer de recibir caricias a arañar y morder, su delicada e inestable separación entre el estímulo y carga sensual, erótico y sexual, y la violencia, es el ejemplo perfecto y más fácilmente comprensible para cualquier que haya tenido gato.

El temperamento italiano de películas (por ejemplo la hija de Don Corleone en “El Padrino”) es un ejemplo típico de una reina de bastos con el gato “activado”, e incluso demasiado presente.

Huelga decir que esta característica se manifiesta tanto en hombres como en mujeres.

Otros detalles "en código" son el color amarillo de la vestimenta y el naranja del trono, que indican respectivamente claridad y placidez mental (el amarillo) y sensualidad, pasionalidad y valoración de lo material (el naranja).

El girasol en la mano izquierda simboliza, la fertilidad de la líbido y, nuevamente, la amabilidad que los autores eligen darle en este mazo.


Pueden, entonces, ser palabras clave para la interpretación de la carta: elemento fuego – lo intenso – lo instintivo – receptividad – fuego estable – sensualidad – cambios de humor repentinos


martes, 17 de enero de 2012

As de Copas


Este es mi blog personal así que lo puedo decir como quiero: somos internacionales como la connncha de su madre.
Candela, que es re grosa con el lápiz y con el cincel, nos manda desde Ca-na-dá esta versión del As de Copas.










































La explicación mecánica de la carta:

Ases

Todos los Ases representan el estado más puro y abstracto de cada principio, con sus características más exacerbadas. Marcan la irrupción en la realidad de la fuerza del principio que representan, el salto de cero a uno, de nada a la existencia.

Son la representación de esa fuerza en su modo más crudo, previo a toda circunstancia y modalidad (que luego se van indicando, del dos al diez), el poder absoluto de la energía en esa fase.


Palo de las Copas


Las copas son el elemento agua: la emoción, el sentimiento, la intuición, el inconciente y lo que surge de él y por tanto la imaginación soñadora - creativa: aquella parte de la mente que crea y "ve" imágenes internamente.


En el cuerpo, se ubica el tipo de sensaciones asociadas a estas funciones en el área entre el corazón y el plexo, por delante, y entre los omóplatos y sobre los riñones, por detrás.

Por su cualidad emocional y acuática, está asociado a los chakras o centros energéticos del pecho y plexo, vinculados a las emociones y sentimientos, respectivamente, desde los cuales uno se relaciona con el mundo en esos niveles.

Si estos espacios están cerrados, uno puede no proyectar, no “decir” al mundo nada en ese nivel, o puede no percibir, no “escuchar” al mundo en ese nivel. Estas cosas tienden a pasar de a una, aunque también pueden ocurrir juntas (no escuchar y no decir).


La característica principal del agua es fluir, tanto dentro de uno como de un estado a otro, y de una persona a otra.

Cuando esta fluidez se corta en el primer lugar (dentro de uno) uno empieza a tener “agujeros” o a quedarse estancado en ciertos estados emocionales.

Cuando se corta en el espacio intermedio entre uno y lo demás, uno deja de encontrar eco en el mundo, en el plano emocional, y la sensación de plenitud se convierte en sensación de presión interna, si la propia emoción no sale, o de alternativos vacíos y semi llenos, si la emoción ajena no puede entrar para realimentar la propia.


Cuando todo fluye plenamente, como el en As de Copas, la emoción propia de cada vivencia (pero más específicamente de vivencias trascendentes para uno, como las vocacionales o las “importantes” - por decir algo: la paternidad, las pérdidas grandes, etc) se difunde por todo el ser y, de plexo a plexo, de persona a persona, se contagia.

La alegría que uno siente al ver la sonrisa de un amigo, surge de este ida y vuelta: SU alegría se convierte en la mía, y la mía en suya.

Dado que la energía emocional “se comporta como el agua”, su característica es tanto la de fluir como la de no poder mantener forma por sí misma: por eso necesita de recipientes o límites que la contengan, como las copas.

De no haber contención, la emoción permanentemente desbordante, desbordada, se manifiesta como estallidos de furia, de llanto, enamoramientos instantáneos constantes, depresiones inmediatas e inexplicables, dependencias varias de personas, de vicios, de conductas que actúan, en la medida de lo que pueden, como recarga de la emoción perdida en el desborde y/o como contención.


Por eso, todas las cartas del palo de las copas incluyen rios, lagos o copas, según el total del concepto que se quiera indicar en cada carta. La función de las copas es siempre contener el agua, por lo que se refieren a los sentimientos de una persona específica, mientras que los ríos o estanques se refieren más al fluir de la vida, incontenido, o al inconciente colectivo, que no necesita una contención equiparable en términos humanos.


Las funciones de las copas son la de interactuar con el resto de los palos, definiendo la imagen precisa del estímulo que haya despertado al instinto y refinando la aproximación a la respuesta de ser necesario, y la de vehiculizar, sostener y ser la substancia misma de todos los procesos comunicativos entre un ser humano y cualquier otro ser viviente.

Son la comunicación interna de uno consigo mismo, y la externa, de uno con el resto del mundo, a través del sentir, el saber por percibir.



El As de Copas


Todas las copas están vinculadas al agua, que representa el sentir, el imaginar, la intuición, el inconciente y lo que surge de él.

En el cuerpo, se ubica el tipo de sensaciones asociadas a estas funciones en el área entre el corazón y el plexo, por delante, y entre los omóplatos y sobre los riñones, por detrás.

Todos los Ases representan el estado más puro y abstracto de cada principio, con sus características más exacerbadas.

En el caso del agua, la emoción, su principio “más puro y abstracto” es la sensación de plenitud.

El As de Copas representa la emoción que llena el pecho, desbordando el corazón y contagiando sentimiento al resto del cuerpo.

Las ganas de cantar, surgen del pecho lleno.

El llanto irrefrenable, también, sea por dolor o por pura “emoción”, esa experiencia de estar íntimamente conmovidos por algo indefinible pero que ocupa todo nuestro ser por momentos.

Esto es el As de Copas.

La experiencia de la emoción en tal plenitud que desborda, dentro y fuera nuestro.


Por su cualidad emocional y acuática, está asociado a los chakras o centros energéticos del pecho y plexo, vinculados a las emociones y sentimientos, respectivamente, desde los cuales uno se relaciona con el mundo en esos niveles.

Si estos chakras están cerrados, uno puede no proyectar, no “decir” al mundo nada en ese nivel, o puede no percibir, no “escuchar” al mundo en ese nivel. Estas cosas tienden a pasar de a una, aunque también pueden ocurrir juntas (no escuchar y no decir).


La característica principal del agua es fluir, tanto dentro de uno como de un estado a otro, y de una persona a otra.

Cuando esta fluidez se corta en el primer lugar (dentro de uno) uno empieza a tener “agujeros” o a quedarse estancado en ciertos estados emocionales.

Cuando se corta en el espacio intermedio entre uno y lo demás, uno deja de encontrar eco en el mundo, en el plano emocional, y la sensación de plenitud se convierte en sensación de presión interna, si la propia emoción no sale, o de alternativos vacíos y semi llenos, si la emoción ajena no puede entrar para realimentar la propia.


Cuando todo fluye plenamente, como el en As de Copas, la emoción propia de cada vivencia (pero más específicamente de vivencias trascendentes para uno, como las vocacionales o las “importantes” - por decir algo: la paternidad, las pérdidas grandes, etc) se difunde por todo el ser y, de plexo a plexo, de persona a persona, se contagia.

La alegría que uno siente al ver la sonrisa de un amigo, surge de este ida y vuelta: SU alegría se convierte en la mía, y la mía en suya.

Las copas se activan para definir la imagen precisa del estímulo que haya despertado al instinto, refinando la aproximación a la respuesta de ser necesario, o en todos los procesos comunicativos entre un ser humano y cualquier otro ser viviente. Son la comunicación en sí, entre ser y ser por un lado, y entre los instintos (primer palo de la baraja) y el intelecto (tercer palo de la baraja), y entre la conciencia cotidiana y el alma o quintaesencia, única parte del ser humano que escapa al mazo y sus leyes y es capaz de libre albedrío.

Dado que la energía emocional “se comporta como el agua”, su característica es tanto la de fluir como la de no poder mantener forma por sí misma: por eso necesita de recipientes o límites que la contengan, como las copas.

De no haber contención, la emoción permanentemente desbordante, desbordada, se manifiesta como estallidos de furia, de llanto, enamoramientos instantáneos constantes, depresiones inmediatas e inexplicables, dependencias varias de personas, de vicios, de conductas que actúan, en la medida de lo que pueden, como recarga de la emoción perdida en el desborde y/o como contención.

Como el As de Copas también se caracteriza por un desborde benigno, en la forma de un excedente de emoción que se comparte, la contención no puede ser restrictiva: la imagen de la copa desbordada gentilmente, como una mezcla de fuente y manantial parece ser la mejor.


La sensación de plenitud se siente, al llegar, como un rayo vertical de luz.

Esto es literal, es una cuestión de experiencia: si le pasa a uno, o cuando le pasa y trata de describir el segundo-a-segundo del asunto, encuentra que esta imagen sirve mucho.

Este es el significado de la paloma blanca que desciende con esa otra cosa blanca que alguna gente dice que es la eucaristía (la hostia), directo al centro de la copa: la paloma representa siempre al Espíritu en su estado también más abstracto y puro, descendiendo directamente al corazón de la persona, cargada de significado (la hostia, la eucaristía que leva la paloma en su pico representa aquí el "sentido", la característica de la emoción que llega - tristeza - dolor - alegría - serenidad, etc.).


El espíritu descendiendo sobre el campo de las emociones para llenarlo de significado es, también, una sublimación de la idea de penetración e inseminación, bastante similar a la de la conciencia entrando en la materia – energía del Arcano Mayor VIII, La Fuerza.


El agua que desborda lo hace suave, gentil y generosamente, y cae con fluídez y constancia sobre un océano mayor, fértil y vivo.

Este océano creo que representa a los otros, tanto en su sentido interno de inconciente colectivo como en su sentido concreto de personas físicas cercanas.


Los colores tradicionales del mazo de referencia son el azul sereno del agua, el amarillo de la copa, que indica también serenidad intelectual, el blanco indicando pureza y el verde indicando fertilidad y amabilidad.


Pueden ser, entonces, palabras clave para la interpretación de esta carta: emoción - plenitud emocional – comunicación – sensación – sentimiento



¿Como?


¿Que tu mamá nunca cruzó la General Paz?


Pobrecita!

lunes, 24 de octubre de 2011

Arcano Mayor X - La Rueda de la Fortuna

Este es Javi.
Cuanto más lo mires, más simple te va a parecer.
Y más profundo.
Así que le vas a pegar una segunda mirada, y vas a entender algo más, y entonces te va a parecer más simple.
Y más profundo. Así que le vas a pegar una segunda mirada.

Un día te vas a dar cuenta de que pasaste horas mirando su obra.
Porque no es simple.
Solamente es un hit pop.







































Más de Javi, acá, acá y acá (y en muchos lados más, el tipo es una máquina).


Más de la carta, a continuación.

Características Generales de los Arcanos, Mayores y Menores


Todas las cartas de tarot son llamadas Arcanos, palabra cuya traducción más regular dice que significa "misterios".

Porqué una cosa cualquiera puede ser llamada un "misterio" tiene que ver con una actitud existencialista que se basa en el hecho de que todo, absolutamente, tiene una superficie, que es lo primero que se conoce y en la cual la conciencia refracta, lo que le impide (a la conciencia) adentrarse de un solo vistazo en la profunda y verdadera naturaleza de la cosa percibida.

En epistemología se suele decir por esto que el primer obstáculo al conocimiento es el conocimiento mismo.


Lo que hacen las 78 cartas del mazo de tarot es representar, a través de metáforas, otras tantas situaciones de la vida, buscando abarcar así la totalidad de las experiencias significativas que cualquier ser humano puede atravesar.

Por un lado, cada situación es en si misma un "misterio", según lo antedicho y por otro, cada carta representa solamente lo genérico, lo medular, de cada situación. Por lo que, en una lectura, la carta es un cascarón a romper para poder penetrar con mayor profundidad en la situación concreta hacia la que señala.


Las 78 cartas se dividen en 56 Arcanos Menores, divididos a su vez en cuatro palos, como los mazos comunes, y 22 Arcanos Mayores.


Los Arcanos Menores reproducen situaciones vitales más o menos circunstanciales pero arquetípicas, de acuerdo a un código numérico por un lado, un código basado en los palos por otro, y una representación pictórica o visual que intenta condensar y manifestar todas las metáforas posibles que surgen del cruce de ejes números / palos.

Intentan agotar, en cincuenta y seis combinaciones, todas las circunstancias significativas posibles. Por esto es que buscan lo central antes que lo anecdótico: separan, por ejemplo, el concepto de “tregua” del de “paz”, porque ambas cosas son similares pero diferentes, pero trata de evitar la definición de una forma específica de “paz”, para que la carta pueda representar la paz en la vida de cualquier consultante, independientemente del resto del contexto: saber si es paz laboral, si es paz conyugal, si es paz conseguida tras largas luchas o no, etc., llega a través del resto de las cartas, en cada lectura.


Los Arcanos Mayores, en cambio, no tienen ejes genéricos, y el contenido de cada uno desborda cualquier grilla: son un conjunto especial de conceptos trascendentes. Prescinden del cruce que hacen los Arcanos Menores entre número y palo, y son cada uno la abstracción de un aspecto fundamental y, al mismo tiempo, complejo, de la experiencia humana.

Algunos porque remiten al funcionamiento teórico del universo, otros porque remiten a aspectos no circunstanciales (sino permanentes) del ser humano.


Si los Arcanos Menores metaforizan la variedad de la experiencia humana, los Arcanos Mayores representan la estructura desde la cual se la vive e interpreta, las matrices conceptuales desde las que se generan las ideas que expresan la experiencia existencial, y las experiencias inevitables que esta estructura atraviesa en el desarrollo de una vida humana.

Son conceptos al mismo más abarcativos y de mayor peso que los Arcanos Menores.


Damos por sentado que estas cartas representan no solo experiencias posibles, sino también espacios de la psique preparados especialmente para hacer posibles estas experiencias.


De todas las teorías sobre el origen del tarot, adherimos a las que no señalan un autor o cultura particular, así que no es posible saber quién o en qué circunstancias concibió los diseños de los Arcanos Mayores, pero es nuestra creencia que, quien haya sido, tuvo el talento suficiente como para acceder a contenidos profundos y estables del inconciente colectivo

Esta es la base del postulado más fuerte e interesante de la corriente de tarot a la que adherimos: que es que los Arcanos Mayores representan factores y funciones psíquicas universales.


Son, desde este punto de vista, los ladrillos elementales con los que trabaja la mente de cualquier ser humano: independientemente de su cultura o contexto, toda persona interpreta la realidad desde estructuras psicológicas subconscientes.

Suponemos que estas estructuras psicológicas subconscientes que determinan la percepción e interpretación del mundo son universales, y que no se las puede definir de un amanera terminante, pero que los Arcanos Mayores representan una formulación extremadamente aproximada a su contenido más básico.


Y esta es la razón de que no tengan un orden conceptual: de la misma forma que no se pueden numerar los órganos internos de una persona porque no hay ninguna necesidad lógica de que el corazón esté antes o después que el esófago, no se puede dar una jerarquía definitiva y consistente a todos los constituyentes de la psique, aunque algunos aparezcan más relacionados entre sí que otros, y eventualmente, en diferentes conjunciones de cartas, se puedan establecer relaciones de paternalismo, de dirección, de subordinación, etc.

Pese a esta falta de orden intrínseco, o precisamente para paliarla, quizás, se han propuesto varias formas de “hilar” los Arcanos Mayores entre sí, y aquí exponemos brevemente dos: la noción de que representan el desarrollo psicológico de un individuo y la de las virtudes cardinales, dado que las consideramos fértiles a la hora la interpretación y reflexión.




Los Subgrupos dentro de los Arcanos Mayores


Los Arcanos Mayores tienen, según varias corrientes teóricas, entre uno y varios arcos argumentales, comunes a los 22 y superpuestos según niveles de interpretación entre psicologicistas y cósmicos, dependiendo del tipo de fenómenos a los que aludan.

Según quién, en el desarrollo de las 22 cartas, puede leerse el desarrollo psicológico de un individuo desde su nacimiento hasta la máxima madurez posible, o puede estudiarse el funcionamiento teórico del universo, o pueden encontrarse todas las instancias de la vida política y social humana.


Algunos grupos de cartas pueden aislarse según estas ideas: de esta forma, las “Virtudes Cardinales” explican la física teórica del tarot según la cual funciona el universo, en el nivel mínimo conceptualizable.


De la misma forma, hay un conjunto de cartas que representan al individuo, sus componentes psicológicos y sociales y lo básico de su acción en el mundo.


Estas cartas son las que van del Cero al Siete, siendo Cero y Uno, El Loco y El Mago, las expresiones del individuo en su aspecto más infantil y más desarrollado respectivamente, y las siguientes cuatro los componentes iniciales y fundantes de cualquier individualidad.


Las virtudes cardinales


Dentro de los 22 Arcanos Mayores, algunos autores distinguen cuatro de ellos como el subgrupo especial de las “virtudes cardinales”.

Según cada autor, estas virtudes son adjudicables a, o representadas por, los cuatro elementos, cuatro arcángeles específicos (Uriel, Rafael, Miguel y Gabriel,), cuatro dioses paganos, cuatro demonios babilónicos o cuatro santos católicos (Mateo, Marcos, Juan y Lucas ).

Este debate no importa demasiado para nosotros porque, dadas las características de las “virtudes”, que ahora veremos, no resulta obvio ni imprescindible que su número preciso sea cuatro, con lo que la fuerza argumental de la idea decae, si bien su fuerza poética (y mnemotécnica) se mantiene.

Lo que hacen las “virtudes cardinales” es crear y sostener el mundo.

Donde falta alguno de estos principios, la energía se escapa, la materia se desmorona o confunde y la conciencia no encuentra apoyo, por lo cual, exista o no algo más allá de la trama de las virtudes, es incognoscible para nosotros.

Estas virtudes son: la Templanza, la Justicia, el Amor y la Fuerza. Cada una comparte características con las otras, pero mantienen reinos y funciones definidas.

La Templanza integra y economiza: junta elementos dispares y mediante su acción los funde en otro elemento distinto dejándolo, idealmente, en su punto justo, en su centro exacto. Es el metabolismo que transforma lo que uno come en uña, ojo, hígado. Es la sinergia.

La Justicia, por el contrario, discrimina: hígado e intestino pueden estar cerca, tocarse y pertenecer al mismo cuerpo: ser el mismo organismo. Pero cada uno es cada uno. La fuerza que mantiene identidad y característica de cada uno es la acción de la Justicia, indicando quién es quién y qué le toca recibir y hacer.

El Amor es lo que motoriza todo esto: es la intención de acercamiento entre las cosas, es el fluír del sentimiento y la atracción, la tendencia a asociarse. Es el sistema circulatorio del universo, la emoción.

Finalmente, la Fuerza, es el sostén, la sangre misma. Es el Chi, el Ki, el Prana. La energía que, llevada por el amor o por sí misma, se zambulle en la materia y la convierte en carne. Es la vida misma: en el umbral entre la conciencia más mínima y la nada, vida inconfundible.
























Versión preliminar de yapa.




Arcano Mayor Número 10: La Rueda de la Fortuna


La versión del mazo Rider de esta carta la ubica entre aquellas que contienen en escena al total de las fuerzas universales, o virtudes cardinales.

En esta carta es donde, por primera vez y producto del aprendizaje de la paciencia del Ermitaño, el individuo accede a una perspectiva de la realidad que trasciende su propia escala.

Como primera vez, es necesariamente limitada, pero extremadamente útil.


La Rueda de la Fortuna representa el dinamismo, la tendencia al movimiento de la realidad desde su aspecto más básico y crudo, dentro de lo perceptible por el ser humano: todo aquello que esté sostenido por las condiciones básicas de existencia – Templanza como integración, Amor como motor, Justicia como organización y Fuerza como sostén – entrará en movimiento, indefectiblemente.


El movimiento en sí es inabarcable, pero la característica fundamental del cerebro humano como órgano perceptivo es encontrar o crear orden en el mundo. Y el movimiento es la única fuente de la sensación de tiempo.

Por lo tanto, dentro del movimiento de todo lo que existe, encuentra los ritmos subyacentes y crea series dentro de la sucesión inacabable de hechos que ocurren.

A partir de entonces, el individuo tiene para siempre un pie en cada lado: un ojo en medio del río, mirando la corriente venir de frente, y otro en la orilla, viéndola pasar, desde una perspectiva más “objetiva”.


Cuando se contemplan las cosas desde el ojo dentro del río, todo es veloz, fugaz y diverso, diferente.

Cuando se las contempla desde la orilla, el cerebro comienza a encontrar similaridades y procesos: la luna de cada es noche es siempre diferente, pero en treinta días regularmente engorda y enflaquece, late. Cada atardecer es único, pero siempre es seguido por la noche, y luego por el día y otro atardecer. Todos los niños crecen, y se chocan con la adolescencia, todos los matrimonios tienen su crisis del séptimo año.


Cada vez que un patrón rítmico, una serie, recomienza, se activa la metáfora de La Rueda y lo circular.


La visión del movimiento intrínseco, íntimo de la realidad y la magnitud infinita de ciclos que contiene, tienden a producir en los individuos una sensación de sobrecogimiento reverencial y asombro casi religioso, que puede derivar en dos caminos diferentes: una parálisis y una actitud de “rendirse” ante la vida, porque “todo es demasiado” y “todo ocurre sin necesidad de nuestra intervención”, cuando estas sensaciones de inmensidad chocan contra un ego demasiado constituído, o una “reposada urgencia a la acción”, surgida de la tranquilidad de que, si bien hay cosas que sí se lleva la corriente, también hay otras que vuelve a traer, siempre, por lo que el trabajo que no se puede realizar en un solo día no necesariamente se pierde, y alcanza con flotar atento para ir sumando una oportunidad ganada tras otra, y acumular, y realizar un día lo impensable.


Las figuras de las cuatro esquinas de la carta representan a las virtudes cardinales, en diferentes encarnaciones.


Las que giran alrededor de la rueda representan los dictámenes “Yo mando”, “Yo he mandado” y “Yo quiero mandar”, así como tres dioses egipcios (cuyos nombres no recuerdo pero) que representan la vida, muerte y resurrección, entendidas como la dinámica que mantiene vigente el total de la vida a nivel planetario.


Las letras hebreas y la palabra “Taro” dentro de la rueda aluden a un intento del argumentista del mazo (Richard Waite) de vincular el tarot a la Torah, y por lo tanto a la Kabala y la tradición filosófico – religiosa hebrea, y por último a la estructura del nombre de Dios dentro de esta religión. Una exageración respecto del tarot, a mi gusto, pero una muestra cabal de la importancia que tiene esta carta y este concepto en realidad, porque la idea final, es que el nombre de Dios está inscripto en el total de los acontecimientos que puede percibir el ser humano, e implicado en el orden, tanto en el orden subyacente que sustenta a los acontecimientos, como en el orden que los acontecimientos despliegan y que les permite ser comprendidos como tales por los seres humanos.


Pueden ser, entonces, palabras clave para la interpretación de la carta: percepción del tiempo – paso del tiempo – lo cotidiano, el día a día – el ciclo – lo que se repite solo – altibajos y vaivenes

martes, 30 de noviembre de 2010

Arcano XIII - La Muerte


El tránsito exitoso por esta carta se caracteriza por experimentar, en este orden, estas emociones: temor, dolor, luto, agradecimiento.




















Versión de Noe.


Otras cartas tienen una interpretación pictórica mucho más abierta, accesible para cualquiera.
La carta de la Muerte justo tiene un significado puramente esotérico, esto es, para "iniciados" que le encuentran a ideas comunes un sentido no común.

La idea exotérica (de los "no iniciados") de la muerte es la del final de la vida.
Dentro de la visión esotérica, la carta no representa realmente la muerte física, sino la muerte conceptual, la muerte simbólica.
Hay un capítulo del "Diario de la Pequeña Lulú" (una historieta que se conseguía en los años 80), donde el asunto es que Anita llama a Lulú llorando porque perdió a su gatito.
Lulú va a la casa de Anita, toda preocupada, y se encuentra con el gato, lo más tranquilo, lamiéndose en el sofá.
Al interrogar a Anita, ésta le dice, entre lágrimas, que antes ese gato era un gatito, todo chiquitito y lindo, y que ahora en cambio es una cosa grandota y gorda y fea. Y ya no va a volver a ser como era antes, cuando ella lo conoció y con quien se encariñó.

Así que había perdido su gatito, verdaderamente, dado que ya nadie podría encontrarlo, nunca más, en ningún lugar.

Así que también es cierto, a nivel simbólico, que ese gatito "murió", "se fue de este mundo", etc.

Una asociación tradicional esotérica con la Muerte es Shiva, o la Destrucción.
Para los "iniciados", la muerte como cambio representa el vehículo que les revela la verdad de las cosas, al destruir lo ilusorio.
La cosa (lo que sea: la niñez, el gatito, el estado de soltero, una adicción, un auto) es ilusoria.
Justamente su poder cambiar, el potencial que tiene todo para cambiar, es lo que lo hace "falso", "ilusorio". "Falso" en este caso, significa "no permanente".
Lo real, lo permanente, es la existencia, y la existencia obligatoriamente hace mutar la ilusión de un estado a otro (de niño a adulto, de gatito a gato, de soltero a casado, de adicto a responsable, de auto a chatarra o a bien familiar).
La Muerte, al mutar la ilusión de un estado a otro, es lo que revela su cualidad de ilusión y la realidad por debajo, al mismo tiempo: todo estado es transitorio y lo que permanece, hasta donde podemos saber, es por un lado la materia amorfa de la que se sirven todas las cosas para existir temporalmente (hasta que cambian a otra forma o vuelven a ser materia amorfa), y por otro la conciencia de existir, la conciencia que percibe que la materia tomó una forma u otra.
Si la materia amorfa, o energía, tiene o no conciencia, no podemos saberlo, porque sólo podemos conocer aquellos terrenos donde la conciencia puede pisar.
Así que para nosotros, lo único inmutable, es la conciencia de existir.
Todo lo demás se transforma y cambia, permanentemente.

Antes de seguir con esto, cabe preguntarse porqué entonces se relaciona al cambio con algo traumático y temible.
Es básicamente porque todos somos "no iniciados", así que podemos acceder a esta perspectiva intelectualmente, pero no de corazón, más que a través de un largo y poderoso trabajo filosófico que convierta la idea en parte de nuestra alma, y no tengamos que "pensarla", sino que simplemente vivamos dentro de ella, y percibamos nuestra vida desde ella.
Cuando cada cosa que miremos la veamos desde esta perspectiva, automáticamente, desde el inicio mismo de nuestro percibir.
Ya volveremos sobre esto.

La Muerte no es la Guerra, o la Peste. No es en sí algo necesariamente violento, pero si doloroso, porque todo cambio -sea el de la crisálida a mariposa, el de niño a adulto, etc- duele.
Todo cambio duele por un lado por el miedo a la pérdida implicada: el estado inicial se pierde al atravesar el cambio, y esta pérdida es irrevocable. Dentro de esta vida caótica para todos, todos nos aferramos a alguna constante y nos aterroriza cambiarla.
Además, una vez aferrados a una constante cualquiera, perdemos de vista la idea de que puedan existir otras posiciones diferentes pero equivalentes, y tendemos a creer que no hay nada más, que no hay otra cosa, que no hay otro estado posible de cosas más que el que nos conocemos, con lo cual nos aferramos aún más, porque desde esta perspectiva, perder lo conocido es perderlo TODO. No imaginamos ni siquiera permanecer concientes en otro estado de cosas.

Es muy grande el salto de fe, o debe ser muy violento el estímulo o muy fuerte la corriente de la fuerza que nos obligue entonces a cambiar, a abandonar un lugar para llegar a otro que a priori no concebimos que exista.
Si nos aferramos, generamos violencia contra lo inevitable, con el dolor consecuente.

Además de lo dicho, el cambio duele porque sí. Es común el término "dolores de crecimiento", y esto es así: crecer es una forma de cambiar y, como todas las maneras de cambiar, requiere tanta energía, demanda tantos recursos, que sólo puede doler.

Volviendo a lo anterior: lo único inamovible, lo único permanente hasta donde se puede experimentar, es la conciencia de existir.
"Pienso, luego existo" no es el final de un razonamiento, sino el único punto de partida verdaderamente firme para comenzar a pensar cualquier cosa: todo lo demás puede ser cuestionado por la mente, esto no.

Los niños están naturalmente conectados con esto, y ni siquiera lo consideran.
La "inocencia infantil" o la "inocencia" a secas, refiere no sólo a la falta de idea (que también está) sino principalmente a la conexión directa con la conciencia del existir, sin valoración de lo ilusorio.
Esto es lo que conecta las cartas de la Muerte, el Loco y el Mago.

El Loco, el “niño en el abismo", señala la inocencia plena, absoluta: el protagonista de la carta no se fija en nada de lo mutante, ilusorio, material, cotidiano, sino que su mente está anclada en la pura sensación de "existir, ahora".
Esto tiene su lado peligroso, porque la ilusión, por más que sea ilusión, es el contexto en el cual desarrollamos nuestra existencia. No prestar atención al contexto, puede implicar desarmonías graves, tales como la muerte física de la persona.
La inocencia nos exime de ciertas cosas, no de otras.

El Mago, en cambio, es el Loco evolucionado, lo que significa que adquirió conocimiento y manejo de su entorno material y de todo lo transitorio, pero no se confunde, como la mayoría de la gente (puede ser que no le importe poseer un auto, pero sabe cruzar la calle sin ser pisado por uno), y mantiene su mente centrada en la conciencia pura del existir, sin dejarse arrastrar por lo material o temporal, pero tampoco siéndole indiferente, sino organizándolo en pro de mantener su existencia propia.

Este aspecto del Mago (tiene otros, menos "positivos") es el de santo, y en él comparte las características de los niños y los idiotas, pero es capaz de automantenerse.

La inocencia infantil protege del miedo a Shiva por dos cosas: en primer lugar porque el niño no espera nada, así que no teme por anticipado. Este aspecto tiene su lado peligroso, como vimos.

Pero además, el niño no se aferra a nada.

Los dientes, al salir, cortan la encía y eso duele.
Al terminar de salir, hay un pedazo de hueso, duro, donde antes sólo había encía blanda.
Si nos pasara algo así a esta altura, estaríamos rápidamente en el médico, preguntándole espantados qué nos pasa.

El niño, en cambio, una vez terminado el dolor, olvida y se maravilla de la novedad de tener un cuerpo distinto del que tenía antes.
Lo toma con total naturalidad, no por que sepa que "es natural y a todos los niños les pasa", sino por que su inocencia no contempla que haya algo malo o inadecuado, ni un estado "mejor": si antes no tenía un diente ahí y ahora lo tiene, sólo es llamativo, interesante. No se aferra, no se le ocurre desear volver al estado anterior sin dientes, ni se preocupa por cuánto durará este nuevo estado con uno.
Está permanentemente centrado en la conciencia de existir, desde cuya perspectiva todo lo material (excepto el hambre, el dolor, etc) es transitorio, circunstancial e intrascendente, y lo que importa es el pasar de la existencia.

Este estado, por motivos que no desentraño aún, se pierde con el tiempo, y la persona comienza a resistirse o resentirse de los cambios.
Posiblemente eso sea lo que señala la doncella de la carta original: el momento en el que la persona pierde el estado de no expectativa y no aferramiento de la infancia.
O tal vez señale un punto de inflexión en la naturaleza de los cambios: el cambio crucial en la vida de cada individuo entre infante dependiente y adulto autónomo.
Quizás, finalmente, simplemente señale uno de estos cambios que requieren "tanta energía que sólo pueden doler".
Cualquiera de estos significados, rodean el mismo hecho: la doncellez como adolescencia y umbral entre la infancia y la adultez.















Finalmente, las dos figuras más fáciles de malinterpretar desde una perspectiva exotérica: el rey y el sacerdote.
El rey es simple, en realidad: aparece muerto porque el poder de los reyes es exactamente el poder temporal, y el tiempo es el vehículo del cambio. El poder político se vincula a todo lo material y transitorio y, como tal, no resiste el cambio. Un rey sigue a otro, un imperio sigue a otro, un sistema político reemplaza a otro y ninguno de ellos toca lo trascendente, sino que simplemente toma su turno, disfruta su gloria, y vuelve al polvo.
El sacerdote, en cambio, logra permanecer de pie, por un motivo concreto.
Si el Mago es el Loco evolucionado, el sacerdote es el escalón intermedio: es la persona que ha perdido la inocencia y falta de expectativas originales del niño, la carencia de segundas intenciones ante todo, lo directo de la conección perceptiva; pero intenta recuperarlo mediante, como dijimos "un largo y poderoso trabajo filosófico". Cuando, si, el sacerdote logra transformar su doctrina en su carne, y vivir plenamente dentro de sus preceptos, y si, y sólo en el caso de que sus preceptos sean verdaderos, se transformará en el Mago en su aspecto de iluminado liberado del peso de la identificación con lo material y las ilusiones mundanas.
Si el trabajo de toda la vida del sacerdote es exitoso, si su religión es verdadera y su esfuerzo logrado, llegará al lugar donde viven los niños y los idiotas.
Mientras no lo logre, en todo el tiempo que dura el entreluz entre un mundo y otro (el de los "no iniciados" y los "iniciados"), el monje necesita de toda su parafernalia dogmática, representada en la carta de referencia por su ropa y su posición de orar, para aumentar las fuerzas espirituales y anímicas que le permiten a su conciencia liberada a medias soportar el enfrentamiento directo con el cambio.
No muere ni desfallece, pero tampoco puede simplemente entregarse, si no es acompañado de una oración, un rosario, un dogma, un artículo de fe que lo haga sentirse acompañado por algo más grande frente a lo desconocido.

Estas son las cuatro posiciones posibles de enfrentar directamente la destrucción: la ignorancia absoluta que se resiste y se quiebra (el rey), el conocimiento a medias del sacerdote que usa muletas pero puede permanecer, la aceptación instintiva sin conocimiento del niño, y el sometimiento de la doncella.
El mago no figura, entre otras cosas (creo) porque los autores del mazo no pudieron honestamente dar fe de que alguien pueda "purificarse" tanto que verdaderamente deje de temer al cambio, así que sólo queda el eterno intento de llegar (a ser mago) del sacerdote.

En la figura de la Muerte, hay detalles varios: el caballo representa la fuerza imparable que motoriza el cambio, asi como su mirada roja señala su avance ciego y furioso. Esto contrasta con que el caballo de la carta original no corra, que indica que no tiene porqué apurarse: todos los procesos de destrucción ocurren a su propio tiempo, pero de manera vigorosa e imparable.
El esqueleto y lo negro indican el miedo con que se la vive, la rosa blanca señala la pureza.
Hay en la carta indicios de la fertilidad en que todo esto ocurre, y que esto mismo trae: la destrucción también es liberación de recursos para que el resto de la creación se nutra y reformule.
Que se dibuje el ocaso indica tanto el momento final como el ciclo eterno que permite la reformulación constante de las cosas a través de su destrucción.
















Otra versión gráfica con poema propio que nos regala Noe.


En resumen: un principio universal (lo efímero de las cosas), una manera de interpretarlo (destrucción como renovación constante), y cuatro maneras de acercarse a esta interpretación (desconocimiento y resistencia, desconocimiento y sometimiento, conocimiento formal con aceptación forzada, conocimiento instintivo con aceptación fluída). La emoción general sólo puede ser miedo y violencia, incluso en la aceptación, por las características del cambio de impuesto sin consulta y de doloroso.

Pueden entonces ser palabras clave para la interpretación de la carta: miedo al cambio - resistencia – procesos de transformación



















La versión física

sábado, 20 de noviembre de 2010

La llamada de lo pánico - fin

Ese día, supongo, escuché el llamado de la sombra, el pánico de la hiperrealidad, el presente absoluto sin matices emocionales.
Esta vez, sin embargo, es más blando.
Soy Pan, pero una variante mía propia, el Pan que me cuadra.
Uno blando.

Trato de hacer cosas de fauno estereotípico, y no me salen. Intento sonar la flauta, y me parece un instrumento soso. Aparecen alrededor mío cascadas, frutos y mujeres, y el fauno que soy se enoja.
Nada de eso es lo mío, supongo.
Empiezo a correr internándome en la selva, y se repite una visión que tuviera años atrás: la cámara se levanta, enfoca una panorámica, y veo que estoy corriendo a ciegas entre las plantas hacia un precipicio que me va a obligar a frenar.
Ese no es el camino, por ahí no hay camino.

Lo tomamos como una señal de que es suficiente por el día de hoy, y salgo del trance.

Charlamos un poco con Alicia. Cuando coincidimos en la descripción de las sensaciones del encuentro con la sombra y ella se muestra muy contenta de que yo hubiera distinguido el miedo junto con la falta de hostilidad y la atracción (“sentimientos encontrados o desencontrados”, dice,”como prefieras”), timidamente le cuento, porque me pareció necesario que lo supiera, que la sensación de atracción hacia la cabra fue tan intensa que casi me hizo temer la zoofilia.
Ahí se entusiasma más.

“Mejor, mejor”, dice.

No sé porqué me sigo dejando engañar por su apariencia de ancianita: es una persona a la que le parece bien que me coja una cabra.

Y sin embargo, me resulta también claro que, si la sombra es la mitad de las cosas que pienso que es, una aproximación desde la líbido amorosa más plena, es lo mejor que puede ocurrir.

Si es la mitad de lo que pienso que es.












fin

miércoles, 17 de noviembre de 2010

La llamada de lo pánico - X

Todo es lindo y aterrador al mismo tiempo, es el sobresalto del corazón del segundo antes de darnos cuenta de que oímos un trueno, cuando solamente estamos vibrando en el ahora sin saber ni porqué.

Recuerdo a Jodorowsky hablando de la sensación pánica como una característica vital asociada al dios Pan, como un vitalismo extremo y sin complicidades con ninguna emoción, con ningún sesgo de pensamiento o imagen. Chen, el trueno puro.
Entre las sensaciones entremezcladas, tan enterradas bajo la bruma vibrante de los sentidos convertidos en un solo estímulo hiper intenso, aparece una sensualidad que, honestamente, me preocupa al tomar a la cabra entre mis manos.

Ensordecido, sostengo a la cabra a upa mientras la acaricio, y de algún modo, la inserto en mi pecho.
No se me escapa en el momento que la coloqué en el mismo lugar que en la sesión anterior ocupara mi niño interno.
Quedo por un segundo, parado en medio del infierno con la cabra superpuesta a mi cuerpo, saliendo de mi pecho.
Y empiezo a transformarme.

Me vuelvo un hombre con cabeza de cabra, me vuelvo un grabado de Baphomet. Finalmente, me vuelvo un fauno.
La hiperexcitación de la adrenalina sigue corriendo por todos mis músculos, me hace sentir la sangre pasando por mis venas. Mi cuerpo es ligero de tanta tensión y al mismo tiempo torpe, incapaz de cumplir la exageración del movimiento que quisiera expresar, increíblemente vigoroso y frágil ante el despropósito de su misma fuerza.
Soy un fauno en la casa del Diablo, bajo tierra.
Y así como lo pienso, mi pezuña pisa pasto verde.

Y me veo.
Estoy bajo un árbol, el sol alumbra todo, pero la sombra del arbol me tapa la cara.
Estoy como acechante, y sé que si alguien me viera, se asustaría.

Y me gusta saberlo.

Al poco, aparezco entero bajo el sol, saliendo de la sombra, y me veo más claramente: soy un fauno campechano. Mis características más blandas ablandan las más duras del fauno.
La adrenalina todavía corre en cada uno de mis movimientos, todo es intenso y crudo, un amague de debilidad permanente, super sensibilidad y vitalidad desbordante que me recuerda las experiencias de mezcalina.

Y reconozco la última vez que sentí esto mismo, más intenso.
La última vez que pensé en Feldenkrais y el reflejo de caída.

Cuando pensaba en cambiar de vuelta de trabajo.

Ese día, supongo, escuché el llamado de la sombra, el pánico de la hiperrealidad, el presente absoluto sin matices emocionales.

sábado, 13 de noviembre de 2010

La llamada de lo pánico - IX

Sentía que faltaba casi nada para que mi presencia allí fuera completa, pero al mismo tiempo ese casi nada se estiraba hasta el infinito en el camino de volcarse dentro mío, y el vértigo me revoleaba mientras no terminaba nunca de llegar a estar del todo ahí.

Me fui haciendo cargo de que el proceso iba a ser largo, y de que necesitaba, incluso deseaba, terminarlo.
Llegar a ganarme mi lugar, llegar a estar del todo ahí, presente sin dobleces ni retaceos.

Y no se me ocurre mejor idea, para afrontar lo largo del proceso que, siempre internamente, pedir una silla.

Para esperar sentado.




Apenas me hago conciente de haberla pedido, recibo dos imágenes superpuestas.
Una en la que me dieron un trono subterráneo, en el que me senté muy ancho y musculoso cual emperador, y otra en la que me dieron una sillita de paja en la que me siento derechito, inquieto, con las manos sobre las rodillas como quien espera turno.

Al rato de esperar, la imagen que persistió fue la de la sillita de paja, en la cual me veía transpirando y manteniéndome sentado a duras penas, mientras la sensación táctil de caída libre y vértigo me atravesaban todo el cuerpo.

Pese a la sensación de que en cualquier momento una inquietud inexpresable e injustificable me podían sacar corriendo del lugar, el sentimiento global no fue en ningún momento abiertamente desagradable.

Igual, recordemos que el discernimiento de los límites y el reconocimiento del dolor como una señal válida de daño siempre fueron mis puntos débiles.
Pero Alicia estaba totalmente de acuerdo con que eso es lo que hay para sentir frente a la Sombra.

El total de la experiencia era comparable a estar en un sauna, donde cada segundo es difícil, pero simplemente se pasa de uno a otro.
Y también sentía que estaba exhudando algo, ahí sentado.

La ansiedad, o la impaciencia, o algo. No sé.


Al rato, al largo rato, el vértigo comienza a remitir.
Entonces percibo que Juan Malo se transformó abiertamente en la carta de El Diablo.
Nuevamente, una formulación o mejor dicho, una irradiación, un sentir, mucho más amable del habitual en la carta, o de lo que puede expresar la carta de por si.

Un sesgo particularmente blando del Diablo.


Mientras voy notando esto, se convierte en la imagen del thoth, y finalmente en una cabra verdadera y sencilla, enfrente mío. Ya no tiene ni siquiera mirada humana, es nada más que una cabra.
Que es también todo lo que es la carta XV.

El vértigo se transformó en un sensación terriblemente intensa de peligrosidad: toda mi piel experimentaba la electricidad del peligro cercano.

Y sin embargo, simultáneamente, era clara la amistosidad del ente, de la cabra.

“Siento peligrosidad pero no hostilidad” le cuento a Alicia. Ella sigue tomando notas y notas, me dice que está bien, que corresponde.
Incluso había cierta sensación de calidez. Y, de alguna forma más oscura pero más intensa, atracción.

Todo el tiempo no pasa nada, pero la intensidad de cada fracción de segundo es comparable solamente a la caída libre, a los momentos en que uno sabe que una inmensa bola de algo está por soltársele encima, los segundos en que ves que el médico está por abrir la boca decir algo que va a cambiar toda tu vida.

La atracción me va acercando a la cabra, lenta pero firmemente, y si bien no espero que me ataque, igual me tensiono entero, exhudo adrenalina.
De alguna forma, llego a tocarla, y me veo acariciando su pelaje.
Hay muchas sensaciones, pero la predominante es la adrenalina.

martes, 9 de noviembre de 2010

La llamada de lo pánico - VIII

Me surge la pregunta interna de si con esa constatación ya está todo o qué, y permanezco.
Mientras pasan los segundos, voy asumiendo que, en realidad, no estoy “del todo” ahí.
Que mi cuerpo de sueño carece de la consistencia plena que puede llegar a tener, que la experiencia está ligeramente desteñida, como si en realidad quisiera estar en otro lado.

Surge claramente la dualidad: una parte mía siente que debo permanecer ahí, bajo tierra, en la casa de Juan Malo. Otra parte mía dice que ya tengo que estar haciendo otra cosa, o tal vez hacerlas en simultáneo. Pregunto, sin cuestionarme a quien, si puedo hacer las dos cosas simultáneamente, y aparece una especie de compartimiento pequeño en la parte superior de la imagen, donde estoy con una especie de guía.
Ambos vestimos túnicas blancas y estamos en un espacio blanco.
Pero no es mi guía, sus características son muy diferentes: es un pelado con barba negra recta, irradia algo muy diferente a mi guía.
Le digo a Alicia que la sensación es la de haber encontrado un maestro temporal o local, alguien que me va a enseñar algo muy preciso.
“Si, un maestro temporal está bien”, dice Alicia.
Por momentos, su túnica y la mía cambian, se llenan de cosas. Al rato, mientras me habla, se estabilizan: son como las túnicas del Rey de Oros, cubiertas de vides, frutas y colores térreos.
“Algo muy preciso, y muy práctico” agrego, y Alicia, basándose en dios sabe qué, concuerda.

Mientras tanto, abajo, la cosa seguía y siguió mucho después de que lo de arriba con el maestro temporal terminara.
Mi imagen bajo tierra empezó a ser expulsada, como si la cámara sola retrocediera.
Juan Malo no estaba en conflicto con eso, pero mientras empezaba a decirlo, la subjetiva volvió como si hubiera estado tomando envión, al centro mismo de la casa subterránea de la Sombra.

Una sensación de caída libre intensa y vértigo extenso y permanente, renovado cada segundo, empezaron a acompañar la presencia cada vez más definida de mi doble de sueños en el infierno.

sábado, 6 de noviembre de 2010

La llamada de lo pánico - VII

Mientras me habla, mi sombra oscila de forma.
Siempre es un indio viejo, pero pasa de tener cierta nobleza a ser nada más un anciano cansado, a asemejarse incómodamente a las versiones criollas del diablo, a un Juan Malo.

Cuando es Juan Malo es cuando se lo ve más animado.

Hasta que termina de hablar y, muy repentinamente, cambia y se transforma exactamente en mi.

Rejuvenece cuarenta años, y me mira con mi propia cara, muy pero muy fijamente. Pero no del todo frontalmente.
Por primera vez, y siendo algo que no creía posible, la noto pendiente de mi.

Me doy cuenta de que le habló a mi doble de sueños, al Rogelio que permanentemente veo transitando mis visualizaciones.

Y que no le dijo un pensamiento ocioso ni le transmitió un discurso, sino que, mientras yo miraba sin saber, le estaba, me estaba, haciendo una propuesta.

Y ahora estaba tensa, expectante, de ver mi respuesta.

La respuesta llega sin transición: mi yo de sueño aparece postrado en posición de adoración ante su propia sombra, nuevamente una silueta negra ahora, pero que surge de bajo su cuerpo, se estira por la tierra y se eleva en el aire, a pocos pasos.

La silueta negra irradia satisfacción, incluso algo de soberbia, me parece.

Suavemente, la imagen se desliza, o más bien resbala, en otra: caen lianas desde más arriba de donde alcanzo a ver.
Se transforman en líneas negras, se transforman de vuelta. En colas.
Colas de ratones gigantes.
Y colas de demonios.

Me veo a mi mísmo, parado frente a la sonrisa de Juan Malo, en medio del infierno.

No es un lugar desagradable del todo.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Arcano Mayor XV - El Diablo

Ahora mismo esto no viene a cuento de nada, pero en un par de semanas, va a ser un machete útil.
















Mazo Rider


Está visto que en toda cultura existe algún tabú.
El del incesto es el único comprobadamente universal, pero se puede decir tranquilamente que ninguna cultura acepta plenamente la vida biológica: en todas, uno u otro aspecto de la vida biológica, o que se desprende de ella, queda relegado al tabú.

Es explícitamente rechazado por el sistema cultural, y relegado entonces a la oscuridad del olvido o del secreto.
Esto puede tener ciertas consecuencias. Si bien el equilibrio psíquico puede cumplirse armónicamente sin necesidad de mantener todas las funciones vitales dentro de lo visible, sí resulta absolutamente necesario que se las acepte.

No es necesario mantenerlas dentro del rango de la conciencia, ni considerarlas con atención en lo cotidiano, pero tampoco es dable estar en conflicto con su existencia.

Estos aspectos de la vida biológica que se relegan a la inconciencia suelen ser los más crudos o primales: aquellos vinculados a la sexualidad, procreación, alimentación, defecación, poder creativo e instintos y emociones básicas como deseo, miedo, enojo, alegría, tristeza y amor.
Las ramificaciones de cada aplicación práctica de estos ítems básicos se vuelven absolutamente personales, y permiten que buena parte del concepto de esta carta se relacione con el concepto de “sombra” junguiano, que resumiremos acá como “todo aquello que uno no quiere saber que es”, incluyendo los tabúes culturales así como los familiares y personales: no quiero saber que soy mezquino, no quiero saber que tengo miedo de ciertas cosas, etc.

El problema recurrente es la delicadeza del tabú: es difícil mantener un límite amable y buenas relaciones con aquello de lo que no se puede hablar.
Es difícil no crear fantasmas al respecto y, ¿qué clase de fantasmas se pueden crear sobre algo de lo que, lo único que se sabe, es que no debe ser visto?

Dado que estos aspectos sobre los que es tan fácil crear miedo o rechazo morboso, son en realidad parte fundamental de la vida biológica, tienen un monto muy grande de energía.
Cuando las funciones que soportan este monto de energía se rodean de misterio y tabú, está todo en su lugar: se las puede satisfacer con respeto sin necesidad del concurso de la conciencia.
Cuando el tabú se mantiene armónicamente respetado y satisfecho, el Diablo cumple la misma función de la Fuerza, pero desde lo oculto a la conciencia.
Cuando se rodean, en cambio, de miedo o represión, comienza un círculo vicioso de inmenso peligro potencial.






















La versión qliphótica, "invertida" y otros varios adjetivos, hecha por Souto para TC.



Este círculo vicioso se basa en la sustitución insatisfactoria: cuando el tabú no es bien manejado o transmitido, la norma de restricción que lo define se desdibuja, y comienza a incluír más cosas dentro del área de tabú, o se vuelve excesivamente fuerte, produciendo no ya misterio o respeto hacia lo que guarda, sino temor y rechazo.

Como desligarse del contenido del tabú es imposible, dado que no se pueden suspender las funciones biológicas, y tampoco se puede, en virtud de la excesiva fuerza de la restricción, establecer una relación afectiva positiva, la satisfacción adecuada de la función en cuestión comienza a verse comprometida.

Cuando la demanda del instinto crece, llega a la conciencia, pero no puede entrar claramente en ésta, debido a la restricción.
Aquí el individuo tiene pocas opciones: una es la introspección a nivel chamánico o sanador, donde termina confrontando y definiendo la necesidad en sí misma, y estableciendo modos de satisfacción adecuados.
Esto puede ocurrir en el nivel del Colgado.
Otra es el abandono a los instintos: cuando la restricción es voluntariamente aflojada y se permite aflorar lo que sea que esté debajo.
Cuando esto ocurre, el flujo de energía que se produce se parece bastanta a la conversión del Diablo en La Fuerza.

Pero la respuesta que caracteriza a esta carta no es ninguna de éstas, sino la de la sustitución: la conciencia no puede afrontar ni el cuestionamiento del tabú, ni el abandono de la restricción, ni persistir en la insatisfacción de la función.
Entonces, busca algo parecido, y lo consume.
Lo “parecido” del placebo es totalmente subjetivo, las asociaciones entre función y objeto están libradas a la historia del sujeto: líbido sexual puede canalizarse por comida o por objetos, necesidad de poder por consumo o relaciones abusivas, violencia por drogas.
Lo importante es que, en esta carta, la sustitución hincha pero no sacia: el sujeto consume y paga el placebo con sus consecuencias (problemas de salud, tiempo de su vida gastado en causas ilegítimas), mientras la necesidad original se mantiene insatisfecha, y vuelve a llamar, una vez tras otra.

En este momento, El Diablo es la cárcel de lo predestinado, las pautas circulares de conducta.
Aquello que uno no quiere hacer pero hace, una vez tras otra hasta la putrefacción o la violencia, merced del miedo, los deseos inmediatos, y la falta de imaginación o fuerza.

















Mazo Thoth


El mazo thoth utiliza directamente una cabra para representar la vitalidad áspera y absoluta. Si la Fuerza es la chispa de vida imbuída en la carne, el Diablo es la carne animada por la chispa de vida. Es la diferencia entre un bemol y un sostenido: parece apenas una cuestión de sobre de qué lado se pone el énfasis, pero abre caminos muy divergentes.

La carta de referencia muestra la representación más común del diablo, un macho cabrío antropomorfo y bestial al mismo tiempo, que inflama las “bajas pasiones” (o el chakra de los instintos) del hombre al tiempo que lo ata al monolito de su pedestal. Uno y otro acto son lo mismo, por esta cualidad de “las pautas circulares de conducta”.

Muchos autores coinciden en señalar que las cadenas, en realidad, están flojas y pueden ser fácilmente quitadas, que no atan. Por más que las personas de la escena puedan señalar inmediatamente la cadena y el peso del monolito, así como el inmenso tamaño del diablo como las causas que los mantienen siempre en el mismo lugar oscuro, lo que las ata realmente es lo que ocurre a sus espaldas y en sus sentimientos: un traicionero y fogoso estímulo de los centros instintivos, que produce un flujo de energía hacia la valoración de todo lo material e inmediato, en detrimento de otras áreas de la experiencia, otras motivaciones, y otras acciones.

El sexo mecánico, la repetición de estructuras familiares o relaciones enfermas, la droga no por experiencia ó búsqueda sino por vicio, la embriaguez sin alegría sino embrutecedora, el miedo aberrante al cambio, la violencia hacia lo indefenso y lo dependiente de uno, son características del Diablo.
Todas las compulsiones imaginables, su reino.

En el resto del mazo del tarot, aparece constantemente la estrella de cinco puntas (pentáculo), pero con una punta hacia arriba, simbolizando el cuerpo humano guiado por el intelecto.

En esta carta, la cara del macho cabrío (símbolo de potencia sexual, pero transformado en algo monstruoso por su cuerpo parodialmente antropoide) se superpone con el pentáculo invertido, con dos puntas hacia arriba y una hacia abajo, indicando la prevalencia de los instintos y la animalidad por sobre el intelecto.

La carne animada por sobre el ánima encarnada.

Por más que esto tienda a sonar deseable para alguna gente, en realidad una integración armoniosa implica el diálogo entre las partes y la cesión del control a la parte con más recursos: el instinto sabe qué es lo esencial, el intelecto sabe conseguirlo de la mejor manera posible. El instinto sin intelecto no puede ver más allá de lo obvio, y cae en trampas sencillas o en la repetición de lo heredado, el intelecto sin instinto pierde de vista lo básico.

Hay otras cartas que indican dominio de una persona sobre otras.

Esa no es una característica de esta carta así que, de ser posible, es deseable en la idea de prisión mantener presente esto de la permanente posibilidad de simplemente irse: si la prisión son las pautas circulares y compulsivas de conducta, en definitiva, no es nada más que aquello que uno hace.
Por elección o no, pero sólo lo que uno hace.

Pueden entonces ser palabras clave para la interpretación de la carta: tabu - animalidad del cuerpo, no aceptada (ya sea en conflicto o en olvido) – represión – sustitución – vicio – poder – repetición














Baphomet, mucho en común, bastante más copado.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Reina de Copas - Mercedes Bralo




































Características Generales de los Arcanos Menores, Cartas Reales

Terminado el ciclo de los números, del uno al nueve con la coda del diez, aparecen las figuras humanas, que se usan para representar dos cosas: personas concretas, y estados menos abstractos y al mismo tiempo más integrales de cada principio.

Las cartas reales todas son un intermedio entre el carácter abstracto y general de los palos y los arquetipos mucho más concretos de los Arcanos Mayores.
 Siguen representando primordialmente las características del palo y elemento, pero ya no en un ciclo, sino en una forma de usar las herramientas de cada palo: adolescente, adulta o madura, y masculina (extravertida) o femenina (introvertida).

El aspecto de personas concretas será poco desarrollado en este libro, alcance con señalar que son las cartas que más sirven, por su carácter complejo e integral, para indicar la actitud general del consultante respecto de la consulta, o la influencia externa a la que esté resultando sensible.

En el aspecto de ser "indicadores de estados menos abstractos y más integrales de cada principio", el principal orden es por edad o estado madurativo, y el segundo por características sexuadas.

Las sotas y caballos indican la pubertad y juventud temprana de una persona, o el estado de una cuestión, respecto del principio representado.

Las reinas y reyes, en cambio, son la cúspide de la evolución en lo madurativo, y muestran diferencias en la acción caracterizadas de manera sexual: el total de las habilidades y el mejor manejo posible de las energías de cada palo, ejercido de manera masculina o femenina.

Cada edad tiene sus propias características: la adolescencia implica el descubrimiento y la torpeza, la adultez representa la capacidad plena de acción, con tendencia o debilidad por el exceso, y la madurez la fuerza reflexiva y el conocimiento.

En principio, las sotas están, "por debajo" de las demás figuras, los caballos "por encima" de ellas y "por debajo" de reinas y reyes, quienes están por encima de todas las demás figuras, a la vez que a la par entre ellos, pero no de manera simétrica o intercambiable, dado que los roles complementarios sexuales no son simétricos.


La sexualidad dentro del mazo


Inmediatamente después de la característica “ser humano”, vienen las características “sexo y género”, en ese orden.
De ahí la importancia de los conceptos femenino y masculino para la actividad psíquica de concebir y entender el mundo: el sexo es un hecho físico, orgánico, de crucial importancia y como tal es una matriz conceptual inescapable, el género es la manera de interpretar el hecho inapelable del sexo.
Todo lo que se pueda pensar usa como referente el eje masculino / femenino.
Todo.

Es importante señalar que lo “femenino” y “masculino” en tarot, designa formas de acción: básicamente, lo femenino trabaja hacia dentro de la persona y lo masculino hacia fuera.
Lo femenino es la acción interna de introyección e introspección, lo masculino es la proyección e irradiación.
Dice Crowley que “los hombres son estrellas que se construyen desde el centro hacia la periferia y las mujeres son estrellas que se construyen desde la periferia hacia el centro”, para agregar alguna imagen poética al concepto.

Las formas de acción a su vez influyen en los campos posibles de acción, cuya división mínima es el campo de lo físico, el de lo instintivo, lo psíquico, lo emocional y lo intelectual

La diferenciación entre cada campo de acción es engorrosa, excede lo que vamos a tratar ahora, y se detalla en el resto del libro.

Alcance con decir que, en cada campo de acción se puede actuar de manera masculina, proyectiva e impositiva, o de manera femenina, introyectiva y receptiva.

Los roles masculinos tienen que ver con la proyección en el sentido de extroyección, con la fuerza y la potencia explosiva (lo masculino es en este sentido particularmente afín al elemento fuego), con el intelecto, con la restricción, con el dar, imponer, cortar, analizar, el salir-a-buscar, el proveer, el sembrar y todas las metáforas posibles de penetración e inseminación, y fuerza centrífuga.

Lo femenino tiene que ver en cambio con la introyección, lo receptivo, la resistencia a largos esfuerzos, el contacto con el propio sentir (lo femenino es afín en este y otros sentidos al elemento agua), con la contención y el recibir, amoldarse, integrar, fusionar, cocinar, elaborar en lo oculto, la administración de lo interno, el esperar-a-que-llegue, el atraer, el nutrir, hacer crecer y todas las metáforas posibles de la receptividad vaginal, ovular y uterina, el amamantamiento y las fuerza centrípeta.

Resumiendo: lo “masculino” y “femenino” son espacios fundamentales del individuo genérico, que se llenan de contenido con las experiencias propias de la vida concreta de cada persona, marcando ambos la manera de actuar en las diferentes áreas de la vida, de manera simultánea, aunque cada campo de acción tiene sus afinidades propias con un modo de acción u otro.

La sensibilidad emocional, por ejemplo, tiene más afinidad con lo interno/femenino que con lo externo/masculino. La acción política tiene más afinidad con lo externo/masculino que viceversa.
“Sentir” es, entonces, en tarot, una acción de carácter femenino, y “debatir” es una acción de carácter masculino, aunque ambas puedan ser realizadas indistintamente por hombres y mujeres.

Lógicamente, los ejemplos con que se llenan estos espacios de contenido se toman de lo inmediato: padre y madre en primer lugar, bastante más abajo el resto de las personas circundantes y a mucha distancia ejemplos más incorpóreos como personajes de películas o libros.
Por esto se llama a los modelos masculinos y femeninos básicos del tarot el “padre” y la “madre”, y cuando salen el Emperador y la Emperatriz (Arcanos Mayores números Tres y Cuatro), se los toma como referencias directas al padre o madre del consultante, o a sus modelos internos respecto de lo masculino y lo femenino.
Porque hacen alusión al área instintiva/física de cada forma de acción, son el padre y la madre “terrenales”: son el cuerpo mismo, así como Sacerdotisa y Sacerdote son el espíritu mismo.
Más adelante ampliamos detalles sobre los conceptos de cuerpo, alma y espíritu.

La práctica en el uso de estas divisiones muestra que no son complementarios simétricos opuestos, o sea, iguales pero invertidos, sino dos categorías absolutamente distintas, pero complementarias.
Un hombre no es una mujer sin mamas, ni una mujer es un hombre sin pene. No son seres iguales con “algo de más, o de menos”, sino seres distintos.

Finalmente, conviene señalar por primera vez que la característica asimétrica del eje “sexualidad” tiene como consecuencia que la combinatoria de atributos no produzca un panteón equilibrado, donde cada figura tenga obligatoriamente su contraparte.

Reinas y Reyes

Las reinas y reyes, en cambio, son la cúspide de la evolución: el total de las habilidades y el mejor manejo posible de las energías de cada palo. Así, el Rey de Espadas representa la razón y autoridad por excelencia, mientras que el Rey de Copas representa el contacto y equilibrio emocional.
Esto no significa que sean integralmente hábiles: para lograr un individuo psíquicamente equilibrado, cada Rey debe coordinar la administración de su reino con los otros y con las Reinas.
No hay diferencia de jerarquía o habilidad entre unas y otros: la diferencia esta en el campo y modo de acción.
Como comentáramos arriba, los Reyes representan la manera masculina, extrovertida de ejercer el pleno dominio de la energía de un palo y las Reinas la femenina, introvertida.

Sus tareas se dividen de la piel del individuo hacia fuera y de la piel hacia dentro.

Los reyes comparten con terceros como fuentes, por así decir, y las reinas como lagos.
La Reina de Copas, por ejemplo, se ocupa de contemplar y ordenar las emociones propias de la persona, y el Rey de Copas de expresar estas emociones hacia fuera, y ordenar con habilidad el entorno para que las alimente positivamente.
Las reinas se encargan de mantener el equilibrio interno del sistema, y los reyes de regular el intercambio entre persona y medio para mantener este equilibrio.
Las reinas se ocupan de recibir los estímulos del mundo y elaborarlos, los reyes de ejercer la respuesta.
Hay palos que son por definición más afines a lo masculino que a lo femenino y viceversa, y esto produce algunas asimetrías en el reparto final (que proponemos en este libro) de atribuciones a cada figura.

Características Generales de los Arcanos Menores, los Palos

Cada palo del tarot representa varias cosas al mismo tiempo: una manera específica de moverse de la energía psíquica, por lo tanto una función psíquica específica, por lo tanto el tipo de situaciones donde esa energía se activa, y un elemento (agua, fuego, aire o tierra) que metaforiza con su comportamiento, el del tipo de energía.
Son un aspecto de la actividad humana, artificialmente abstraído con el fin práctico de convertirlos en elementos de análisis durante la lectura de cartas.
Uno solo de ellos, el de los Oros, se refiere a las concreciones materiales.
Los otros tres se refieren a diferentes momentos del movimiento psíquico del individuo en cualquier acción dada: el desear o necesitar, el sentir o imaginar, y el pensar y actuar que llevan a concretar.
Cada palo está referido a un elemento que representa las características de esa fase del proceso.
Así, la acción y el pensamiento intelectual y analítico están representados por las espadas y el elemento viento, el sentir y el pensamiento imaginativo están representados por el agua, y el deseo y los instintos están representados por los bastos y el fuego.
Es importante la referencia al elemento, porque es donde están metaforizadas las características cruciales de cada fase: cualquier acción se inicia primero por una necesidad que se experimenta desde lo instintivo como urgencia. Urgencia de alimentarse, de huir, de procrear, defecar, atacar, de acercarse o alejarse de algo.

En las siguientes fases, esta urgencia cobra forma sensible (en la fase de las copas y el agua) y se define la imagen precisa hacia la que tiende el impulso, para que luego el pensamiento y la acción (fase de las espadas, el viento) le den forma material (fase de los oros, la tierra).

Palo de las Copas

 Las copas son el elemento agua: la emoción, el sentimiento, la intuición, el inconciente y lo que surge de él y por tanto la imaginación soñadora - creativa: aquella parte de la mente que crea y "ve" imágenes internamente.

En el cuerpo, se ubica el tipo de sensaciones asociadas a estas funciones en el área entre el corazón y el plexo, por delante, y entre los omóplatos y sobre los riñones, por detrás.
Por su cualidad emocional y acuática, está asociado a los chakras o centros energéticos del pecho y plexo, vinculados a las emociones y sentimientos, respectivamente, desde los cuales uno se relaciona con el mundo en esos niveles.
Si estos espacios están cerrados, uno puede no proyectar, no “decir” al mundo nada en ese nivel, o puede no percibir, no “escuchar” al mundo en ese nivel. Estas cosas tienden a pasar de a una, aunque también pueden ocurrir juntas (no escuchar y no decir).

La característica principal del agua es fluir, tanto dentro de uno como de un estado a otro, y de una persona a otra.
Cuando esta fluidez se corta en el primer lugar (dentro de uno) uno empieza a tener “agujeros” o a quedarse estancado en ciertos estados emocionales.
Cuando se corta en el espacio intermedio entre uno y lo demás, uno deja de encontrar eco en el mundo, en el plano emocional, y la sensación de plenitud se convierte en sensación de presión interna, si la propia emoción no sale, o de alternativos vacíos y semi llenos, si la emoción ajena no puede entrar para realimentar la propia.

Cuando todo fluye plenamente, como el en As de Copas, la emoción propia de cada vivencia (pero más específicamente de vivencias trascendentes para uno, como las vocacionales o las “importantes” - por decir algo: la paternidad, las pérdidas grandes, etc) se difunde por todo el ser y, de plexo a plexo, de persona a persona, se contagia.
La alegría que uno siente al ver la sonrisa de un amigo, surge de este ida y vuelta: SU alegría se convierte en la mía, y la mía en suya.

Dado que la energía emocional “se comporta como el agua”, su característica es tanto la de fluir como la de no poder mantener forma por sí misma: por eso necesita de recipientes o límites que la contengan, como las copas.
De no haber contención, la emoción permanentemente desbordante, desbordada, se manifiesta como estallidos de furia, de llanto, enamoramientos instantáneos constantes, depresiones inmediatas e inexplicables, dependencias varias de personas, de vicios, de conductas que actúan, en la medida de lo que pueden, como recarga de la emoción perdida en el desborde y/o como contención.

Por eso, todas las cartas del palo de las copas incluyen rios, lagos o copas, según el total del concepto que se quiera indicar en cada carta. La función de las copas es siempre contener el agua, por lo que se refieren a los sentimientos de una persona específica, mientras que los ríos o estanques se refieren más al fluir de la vida, incontenido, o al inconciente colectivo, que no necesita una contención equiparable en términos humanos.

Las funciones de las copas son la de interactuar con el resto de los palos, definiendo la imagen precisa del estímulo que haya despertado al instinto y refinando la aproximación a la respuesta de ser necesario, y la de vehiculizar, sostener y ser la substancia misma de todos los procesos comunicativos entre un ser humano y cualquier otro ser viviente.
Son la comunicación interna de uno consigo mismo, y la externa, de uno con el resto del mundo, a través del sentir, el saber por percibir.

La Reina de Copas

En esta carta hay una doble aparición del concepto de contención: la de todo el palo de las copas, de contener el agua, y la de todas las figuras femeninas, de contención física - emocional, tanto en su rol físico de amantes como en todas las asociaciones posibles maternidad - contención.
La contención de la Reina de Copas, además de todo esto, es muy difícil de concebir si no se experimentó porque es la única contención que puede ser absolutamente plena como tal y sin embargo permanecer totalmente libre de toda posibilidad de convertirse en restricción, retención u opresión. No tiene doble filo: si una persona goza de ser contenida por una Reina de Copas, la sensación que experimenta es (literal y no metafóricamente), la de apoyarse en nubes en las que se diluye su angustia. Pero esto ocurre principalmente con una Emperatriz, que contiene a la Reina de Copas, porque las Reinas raramente se ocupan de contener a otros.
Su función real es la de ser la parte de cada uno que provee el equilibrio interno de los sentimientos.
Este equilibrio es un equilibrio puramente de copas. No es el orden del intelecto desenmarañando los sentimientos, cosa que sería una intrusión de las Espadas en el reino de las Copas y que corresponde sólo en casos de reconstrucción profunda, y en cantidades mínimas a comparación de lo que se piensa habitualmente, dado que la respuesta común, y el consejo voluntarista más escuchado es "tenés que pensar tal o cual cosa", "no tenés que sentir tal cosa por esta razón, y esto es otra cosa.
Las fuerzas que ordenan y contienen los sentimientos pertenecen al mismo reino y tipo, son la misma clase de movimiento de que están hechas las emociones y la Reina de Copas las mueve, no exactamente por voluntad, ya que cumple una función, pero si a través de su atención.
Cuando este lado de cada uno, o una persona bien nutrida y equipada de recursos en lo sentimental lleva su conciencia hacia el curso de sus sentimientos, este focalizar la atención activa espontáneamente los recursos psíquicos adecuados, y produce una tendencia al orden.
La Reina de Copas no opina, no juzga: simplemente mira, se "queda con" y en este mirar y acompañar, en este estar cerca, su presencia sola contiene, y lentamente clarifica y ordena.
No dá órdenes, tampoco. La organización que produce su mirada es como el crecer de una planta: un desarrollo amable, silencioso y misterioso hacia lo más sano y adecuado, dentro de lo posible.
Muchas veces, este camino al orden incluye un período de reacomodamiento doloroso. Reconocer un período de dolor "adecuado y necesario" de uno de dolor dañino, improductivo o no vinculado a la resolución de problemas concretos, es su tarea y habilidad.
Generalmente, la persona que transita esta carta se caracteriza por el constante contacto, la inmersión de la conciencia en lo emocional.
Cuanto más libre esté la actividad de esta carta de la de otras (la turbulencia demandante de los Bastos, el juicio impositivo de las Espadas) más tranquila, sólida y rápidamente hará su trabajo, trayendo orden y paz a la copa, o pudiendo extraer los elementos depurados para pasar tareas concretas a los otros palos (por ejemplo, la imagen del deseo que las espadas tendrán que encargarse de conseguir, o la información de la satisfacción de la pulsión).
Podrían ser, entonces, palabras clave para la interpretación de esta carta: madurez - plenitud - administración interna - equilibrio emocional - silencio - introspección emocional - amabilidad - agua