ES IMPORTANTE SABER

viernes, 11 de junio de 2010

Cinco de Bastos - Gustavo Cimadoro




































Mas de Cima, acá.



Características Generales de los Arcanos Menores, Ciclo de los Números

Los números de las cartas, en el tarot, indican un paso específico dentro de un ciclo, que empieza en el uno y culmina en el nueve. Los dieces indican el comienzo del nuevo ciclo, a la sombra del viejo.
Cada palo representa un principio, una manera de moverse de la energía psíquica. Cada número indica un estado, una fase de este tipo de movimiento.
Terminado el ciclo de los números, del uno al nueve con la coda del diez, aparecen las figuras humanas, que se usan para representar dos cosas: personas concretas, y estados menos abstractos y al mismo tiempo más integrales de cada principio.
Cada número tiene, además de un lugar en el ciclo respecto de los otros, propiedades y características propias, algunas generales: todos los pares tienden a la estabilidad o la inercia, los impares al desequilibrio o movimiento. Los números más cercanos a cero tienen un mayor grado de pureza en el principio que representan, pero menor grado de desenvolvimiento e integración en el mundo.

Cabe agregar que, generalmente y con las excepciones indicadas, el tránsito de un número a otro se da por simple acumulación: si el transcurso de tiempo encuentra a la persona invariablemente en el mismo curso de acción y de intereses, la dinámica sola de cada palo va asegurando la transición paulatina del uno al diez.
Para bien y para mal.

Finalmente: si bien queda librado a la sensibilidad de cada lector el decidir si una carta en tal o cual situación indica una perspectiva subjetiva del consultante o un hecho objetivo, es necesario indicar que, dado que la percepción subjetiva es en sí misma un hecho objetivo, conviene siempre considerar que lo que sale es verdad para el consultante, independientemente de lo que uno pueda pensar acerca de la situación. Por poner un ejemplo: una persona puede verdaderamente estar muy cansada o agobiada con una situación que para el lector de cartas no parezca grave. Es probable incluso que la situación no sea objetivamente grave. Eso no quita que el consultante la viva de manera agobiante, incluso hasta el punto de peligrar su salud.
Cuando se hace una lectura de cartas, se entra parcialmente en la vida de personas muy diferentes entre si y de uno mismo, por lo que hay que flexibilizar los propios parámetros.


Números Cinco
Los cincos son la mitad del camino, más un pasito: el logro que te obliga a seguir.
Son un número aparentemente contradictorio en esto, a la vez que relativamente doloroso, porque todo logro es difícil y uno tiende a querer dormir un ratito sobre los laureles, pero los logros de los cincos revelan siempre el horizonte que falta conquistar y el trabajo que aún queda por hacer, expulsando al viajero de vuelta al camino, con la ganancia del camino ya hecho, y el cansancio también.
A veces esta revelación se puede experimentar como un vacío que, visto desde afuera es evidentemente transitorio, pero desde adentro puede parecer amenazadoramente estable.



Características Generales de los Arcanos Menores, los Palos

Cada palo del tarot representa varias cosas al mismo tiempo: una manera específica de moverse de la energía psíquica, por lo tanto una función psíquica específica, por lo tanto el tipo de situaciones donde esa energía se activa, y un elemento (agua, fuego, aire o tierra) que metaforiza con su comportamiento, el del tipo de energía.
Son un aspecto de la actividad humana, artificialmente abstraído con el fin práctico de convertirlos en elementos de análisis durante la lectura de cartas.
Uno solo de ellos, el de los Oros, se refiere a las concreciones materiales.
Los otros tres se refieren a diferentes momentos del movimiento psíquico del individuo en cualquier acción dada: el desear o necesitar, el sentir o imaginar, y el pensar y actuar que llevan a concretar.
Cada palo está referido a un elemento que representa las características de esa fase del proceso.
Así, la acción y el pensamiento intelectual y analítico están representados por las espadas y el elemento viento, el sentir y el pensamiento imaginativo están representados por el agua, y el deseo y los instintos están representados por los bastos y el fuego.
Es importante la referencia al elemento, porque es donde están metaforizadas las características cruciales de cada fase: cualquier acción se inicia primero por una necesidad que se experimenta desde lo instintivo como urgencia. Urgencia de alimentarse, de huir, de procrear, defecar, atacar, de acercarse o alejarse de algo.

En las siguientes fases, esta urgencia cobra forma sensible (en la fase de las copas y el agua) y se define la imagen precisa hacia la que tiende el impulso, para que luego el pensamiento y la acción (fase de las espadas, el viento) le den forma material (fase de los oros, la tierra).


Palo de los Bastos


Los Bastos representan, decíamos, la líbido, el entusiasmo, el instinto. Se los asocia dentro del tarot al elemento fuego por ser el más inmediatista, intenso y ciego: no proyecta lejos, no conecta con la razón, no proporciona imágenes definidas de nada, pero sin él, nada arranca, nada tiene interés o brillo.
Aquello que no nos interesa desde el instinto, no nos interesa directamente, más que de manera superficial. Cosa que, si se infla artificialmente, puede llegar a producir intereses espúreos y dañinos para uno mismo, pues al no ser sostenidos desde la chispa propia, requieren otra fuente de energía para no desaparecer, que suele alimentarse a su vez de la energía destinada para aquellos deseos legítimos, intrínsecos de la persona.
Es el primer destello de atracción o repulsión, la respuesta más íntima a cualquier cosa que el mundo nos proponga.
La primer fase, entonces, la del impulso crudo e instintivo, está representada por el elemento más intenso e inestable: el fuego.
Las características de lo instintivo son su escasa forma, su absoluta irracionalidad, y la tremenda potencia de su mandato: cuando uno es llevado por los instintos, habitualmente no se percata de estar haciendo o pensando o sintiendo algo hasta bastante avanzada la situación.
"No sé cuándo empecé a correr" o "me debía estar enamorando", son frases paradigmáticas acerca de situaciones donde el instinto fue despertado y tomó el mando de la persona. El instinto está más vinculado al subconciente que al conciente, de hecho es posible que preceda incluso al inconciente psíquico, y pertenezca directamente, al menos en parte, a movimientos mecánicos de una realidad puramente física e independiente de lo psíquico, si es que tal cosa existe.
Por esto es que sus mandatos suelen ser, al mismo tiempo que intensísimos y percibidos como de vital importancia y poder, también totalmente oscuros e impenetrables a la inteligencia.
Los bastos son la Voluntad, en su sentido más íntimo y prerracional: aquello que se desea sin más, sin explicaciones ni contradicciones.
Están físicamente asociados a la pelvis y el abdomen, las “sensaciones de bastos” se sienten principalmente en la panza.

El instinto es, además, totalmente inmediatista: no conoce el mañana y apenas mantiene el recuerdo de un pasado. Se basa únicamente en lo concreto, en lo que ahora hay. Si desaparece el estímulo, desaparece la pulsión (en una persona sana, claro: diversos grados de neurosis implican una disociación entre la presencia del estímulo y la respuesta, y el tarot también contempla eso, pero es tema para otras cartas o situaciones).
Como el fuego, el instinto necesita combustible para liberar su energía, porque es tanta, tan intensa y desordenada, caótica y desorganizada, que no se sostiene por lapsos largos, y, si debe hacerlo, agota al organismo.

Al mismo tiempo es la pulsión básica, la chispa sin la cual nada tiene sentido.
Cualquier acción armónica de un individuo, debe surgir desde la necesidad, necesariedad, que indica el estímulo del instinto.
Se pueden desarrollar acciones desde otros puntos iniciales, claro.
Pero el instinto es el entusiasmo, el gusto primordial, la chispa adecuada. Sin ella, nada tiene interés o brillo, y cualquier movimiento es lánguido.
Todos los Bastos representan la líbido, el entusiasmo, la pasión, el instinto y la energía del elemento fuego en sus características de primordial (en el sentido de ser el primer tipo de energía que pueda existir, antes de cualquier otra), explosiva, efímera, inestable e intensa.
Son la primer percepción de vida, el deseo en su estado primario, que puede volcarse a cualquiera de las áreas de la vida pero sólo tras ser refinado por su paso a través de los otros palos.
La sensación más visceral y primitiva.
Son el sentir por actuar.


El Cinco de Bastos


Una característica fundamental del basto, como dijimos, es empujar, estallar, inflamar, y eso ocurre en esta carta en todo su vigor, y tiñe de manera especial y especifica la naturaleza del cinco: donde el individuo percibe, siente, (sospecha instintivamente, mejor dicho) que tiene detrás la estabilidad de un cuatro y por delante todo el camino a recorrer, el ímpetu de los bastos se activa y, como un resorte, lo empuja a tomar posiciones en este camino.

Como dijimos antes, la sensación de los bastos es de urgencia vital, siempre, y su manera de expresarse es tosca: espontánea y sin refinamientos.

Sin poder pensarlo ni imaginarlo siquiera (verbos que corresponden a los palos de las espadas y las copas), la persona instintivamente sabe que tiene el respaldo del cuatro, y que eso le garantiza fuerza al mismo tiempo que necesidad de aumentar y consolidar su posición. Y este doble conocimiento que transcurre por debajo casi de lo conciente, lo zambulle de cabeza en la acción.

Esto de “no poder pensarlo ni imaginarlo siquiera”, significa que estas ideas corren más por su cuerpo que por cualquier otra parte de su ser, generando el tipo de emociones propias de este palo, que la carta del mazo de referencia retrata como un juego caótico de chicos porque es exactamente la manera en que se siente: los roces, choques y empujones entre unos y otros se realimentan haciendo que cada uno vuelque más energía a la lucha, con el objetivo casi olvidado.
En el cinco de bastos, lo que sea que haga que la persona pueda decir “gané!” está casi tapado por la agitación del momento, y puede llegar a ser totalmente secundario frente a la naturaleza del movimiento fogoso, que se embriaga de sí mismo, llega fácilmente a la ceguera del paroxismo, se realimenta en el tumulto y desborda con frecuencia.
La lucha del cinco de bastos no ve lejos, no piensa, y a duras penas sabe cuando terminar. Mucho menos sabe moderarse, trazar estrategias, dialogar o dar razones: es una manera de obrar “a los codazos”.

Es en principio una reacción violenta y simple en pro de defender el propio espacio vital, pero puede abarcar desde una reacción verbal hasta una pelea por la vida o ser el sentimiento base, subterráneo de acciones más elaboradas, como una encarnizada competencia laboral, por ejemplo.

Al mismo tiempo que la agitación y facilidad para el enojo, que puede llegar a la sensación de pánico o de lucha por la vida (e incluso entonces) la persona que transita esta carta experimenta, hasta en los momentos más dramáticos de la lucha, la alegría salvaje de todo ser que siente su propio poder siendo ejercido y ganando para sí el derecho a la vida, tomándolo por la fuerza.
Los bastos son plenamente nietszcheanos en esto: el eje alegría – poder – derecho de facto (combinadas de todas las maneras) es totalmente afín a su naturaleza.

Pueden ser palabras claves para la interpretación de la carta: elemento fuego, inestable – lucha – infantilismo – deseo – alboroto - competencia

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