ES IMPORTANTE SABER

martes, 31 de mayo de 2011

A veces, la soledad tan prolongada me pone muy, muy triste.
Y pensar en todo lo que no sé acerca de compartir me hace más daño.

A veces me doy cuenta de que, pensándolo,
realmente no sé ni para qué ni cómo estar con gente.
Y eso me pone muy, muy triste.

A veces, sin embargo, en medio de eso,
me acuerdo

de que acepté no saber.

De que las cosas pasan igual.

Y me acompaño en mi soledad.

Y es un poco más liviano,

y un poco más lindo.

Y las cosas pasan, igual.

Debería estudiarse en las escuelas

El instante de Kuai es cuando lo incontenible exige una determinación.




Hace demasiado tiempo que leí esto sin cumplir con lo obligatorio, que es salir a gritarlo por los techos. Debería enseñarse en los colegios.
Es la receta de la lucha contra el mal.Las negritas son mías.



43. Kwai. El Desbordamiento.


Primero el texto más divulgado de

► Richard Wilhelm (extraído de su libro: I Ching, el libro de las mutaciones)

Comentario al signo: el signo representa, por una parte, una irrupción que se produce luego de una tensión condensada durante largo tiempo, como la irrupción de un río henchido que rompe diques, o la descarga de una lluvia torrencial.

Transferido a circunstancias humanas significa, por otra parte, el tiempo en el cual poco a poco van extinguiéndose los vulgares. Su influencia está en disminución y, mediante una acción decidida, irrumpe un cambio de condiciones.
Comentario al Dictamen: cuando en la ciudad ocupa un puesto gobernante aunque fuese un solo hombre vil, éste podrá oprimir a los nobles.
Cuando en el corazón anida una sola pasión siquiera, ésta es capaz de entenebrecer la razón.
Pasión y razón no pueden coexistir, por eso se hace absolutamente necesaria una lucha incondicional si uno está dispuesto a contribuir a que llegue a gobernar el bien.

Empero, para una decidida lucha por el bien destinada a eliminar el mal, existen determinadas reglas precisas que no pueden dejarse de lado si se pretende obtener el triunfo.

: la decisión debe fundarse en un enlace entre la fuerza y la afabilidad.

: un compromiso con el mal no es viable; éste debe quedar desacreditado sean cuales fueren las circunstancias. Del mismo modo, no es tampoco lícito que uno disimule o embellezca sus propias pasiones y defectos.

: la lucha no debe ser conducida por medio de la violencia directa. Allí donde el mal se ve descubierto y estigmatizado, lucubra las armas a que debe recurrir, y cuando uno le hace el juego de combatirlo golpe por golpe, sale perdiendo, puesto que en esta forma uno mismo queda enredado en odios y pasiones.
Por tanto, es cuestión de comenzar mirando por casa: mantenerse personalmente alerta en cuanto a los defectos estigmatizados. Así las armas del mal perderán por sí solas su filo, al no toparse con ningún adversario.
Del mismo modo, tampoco los defectos propios han de combatirse directamente. Mientras uno siga debatiéndose con ellos a golpes, permanecerán siempre victoriosos.

: la mejor manera de combatir el mal es un enérgico progreso en el sentido del bien


Siempre me resulta esclarecedor, como si fuera otro ángulo, o lo mismo en otras palabras, el aporte de

► R. L. Wing (extraído de su libro: I Ching Workbook)

Recibir este hexagrama sin camio indica que, con independencia de cuál sea su pregunta, la verdadera lucha está en el interior. Tome la RESOLUCION verbal de desechar las antiguas opiniones y experimentar con ideas nuevas. El cambio sólo se producirá con un progreso decidido y abierto.

Las fuerzas que le amenazan pueden ser ahora erradicadas. Debe hacerlo sin pensar en retirarse, en terreno totalmente abierto y sin violencia. No puede comprometer a sus adversarios en una batalla, pues al reconocer la fuerza que tienen les compromete y les da poder. Lo que debe hacer, por tanto, es negar ese poder tomando la RESOLUCION firme y pública de crecer en la dirección buena para su bienestar.

El compromiso no es posible. La RESOLUCION debe surgir de su corazón y debe ser expresada a sus amigos, familia y comunidad. Deje que los demás conozcan plenamente sus intenciones de superar obstáculos. Debe hacer esto con tranquilidad, alegremente y con autoridad, obteniendo así la ventaja psicológica que tiene el maestro de un juego sobre su oponente. Estas luchas tienen lugar sin pasión, emoción ni violencia, pero sí con una verdad interior y la resolución de no conocer la derrota. La lucha debería continuar hasta que no quede nada que se interfiera a su progreso.

Su relación general con la sociedad puede exigir que anuncie la verdad abiertamente. La verdad abierta puede llevar al peligro, pero éste, tal como dijimos en el hexagrama número 29, puede ser bueno para todos los implicados. Esto podría hacer referencia a un procedimiento legal o a la expresión de sus intenciones de cambiar. La RESOLUCION exige métodos pacíficos y no violentos. Su actitud debería ser amigable pero no comprometedora. Recuerde que está tratando con la verdad, y por tanto todo lo demás debe desecharse.

En sus relaciones personales debe tomar ahora abiertamente la RESOLUCION de superar las dificultades progresando en una dirección constructiva. Esto servirá seguramente para fortalecer los vínculos.
En su trato con niños, señale las posibilidades, en lugar de centrarse en las cuestiones negativas.
Sin embargo, cuando adopte una posición en la corrección, asegúrese de que no alberga manifestaciones internas de las dificultades que ha resuelto superar. No puede combatir la corrupción con motivos corruptos, la injusticia con intereses egoístas, o la mentira con engaños ocultos. En el proceso de realización de una RESOLUCION pública debe examinar abiertamente todos los aspectos de su ser. Si está lleno de autosatisfacción y orgullo, prescinda de esas actitudes para poder crecer. Si es avariento en acumulaciones e información, distribúyalas a los demás para que pasen en mayor medida por sus manos.

Quien está demasiado lleno no puede desarrollarse más y sólo puede producirse el colapso.


Y además a veces resultan interesantes las síntesis de este señor


► Gustavo Andrés Rocco (extraído de su libro: claves para comprender e interpretar el I Ching)
 Cuando la pregunta refiere al Qué:
Kuai nos dice que la situación es incontenible, más exactamente desbordante, es decir, se va de las manos; se está tratando por todos los medios de tomar una resolución que se exprese con la suficiente autoridad y la debida coherencia para neutralizar la amenaza.

 Cuando la pregunta refiere al Porqué:
El porqué de Kuai refiere a una tensión constante y creciente que se ha ido condensando hasta el punto de llegar a un grado de presión para el cual ya no bastan las actuales barreras.

 Cuando la pregunta refiere al Cómo:
Kuai nos indica que debemos actuar sin que la realidad nos desborde, evitando cualquier tipo de acción desesperada e irreflexiva o violenta; sin embargo, hay que ser consciente del peligro y actuar en consecuencia tomando todos los recaudos. En lo posible, se trataría de tomar una resolución.

 Cuando la pregunta refiere al Cuándo:
Kuai nos lleva a un momento que irrumpe, más precisamente a un momento que no puede ser sofrenado, que no puede ser evitado. Es un tiempo que se instala por presiones y desaloja a cualquier otro
periodo que se resista a cumplirse.
El instante de Kuai es cuando lo incontenible exige una determinación.

 Cuando la pregunta refiere al Dónde:
Kuai nos ubica en un lugar donde las presiones son constantes, donde los límites no alcanzan y donde está en riesgo el propio espacio, es decir, donde resulta muy difícil mantener la posición. Es un sitio en que no se puede ser débil.
Entra las muchas cosas, Kuai puede tratarse de una manifestación pública, de un espacio rebasado de público o simplemente de cualquier sitio que se vea desbordado, ya sea física o socialmente.

 Cuando la pregunta refiere al Quién:
Kuai nos describe a alguien que puede vivir muy presionado, al borde de perder los límites, de precipitarse. En Kuai vemos a una persona que, por lo general, irrumpe en las situaciones, se expone y deja bien en claro su posición con resoluciones firmes.




Se recomienda infinita y enfáticamente la divulgación y puesta en práctica de estas sencillas instrucciones, con vistas al claro objetivo de la erradicación del mal.
¿O hay otra causa que valga la pena?






Quien tenga ganas de limarse, puede echar una ojeada al mega monstruo y tratar de sacar la cuenta del total de páginas que compendia. La mía a ojo de cubero indica algo cerca de 9.000.

http://sites.google.com/site/ichingyafines/

El dominio es argentino, si me atreviera los buscaría y los invitaría una cerveza o un té.
No me atrevo, claro.
Deben ser unos nerds.

domingo, 29 de mayo de 2011

Alicia me contó una vez de cuando le fue permitido ver su verdadera forma.

Dice que era una especie de inmenso tallo blanco, de varios tallos blancos de luz, que se movían como cañas al viento, se curvaban por el centro y volvían a cambiar de forma.
"Flexible" era la palabra que más definía la imagen.

Y se le ocurrió preguntar porqué era así, sin forma.

"Porque sos buena y no querés joder a nadie" escuchó. "Ni permitir que te jodan".
"Por eso sos tan flexible y sin forma: porque es lo mejor para que nadie te pueda agarrar".

Tiempo después se jubiló, dejando la conclusión de mi terapia en manos de una de sus alumnas.
En una sesión con ella, Clarisa, tuve un encuentro desesperante con mi yo interior, que apareció en la forma de una especie de buda menor, muy similar a esta imagen, y no me decía nada.

Abotagado de interrogantes, insistía para que me respondiera, hasta que por algún lado me abrí a una voz que me decía "es muy reconfortante contemplarlo en su silencio", y me di cuenta de que era cierto.
Contemplar el silencio de mi yo interior de alguna forma me reconstituía, vigorizaba mi ánimo con una fuerza fresca, alegre, paciente.

La creciente aceptación produjo otro fenómeno: como lo entrevisto en un vaivén de puertas, apareció en mí la imagen en movimiento de un árbol. La vista se acercaba. El árbol era inmenso. Proporcionado en sus formas, grande como un arbol de muchos, muchos años.

Y todo blanco.

En las puntas de las ramas se apiñaban racimos de algo que no se llegaba a ver, que pasaba de blanco a invisible. Frutos, espero.

De algún modo sin estridencias, supe que ésta era mi visión, que este era yo. Que me había sido dado, sin aviso ni razón visible, ver mi verdadera forma.

Soy un gran arbol blanco.

No sé qué hacer con eso.

15 - La Modestia

Me siento lejos mío a contemplarme cambiar, como un árbol crece.

Las olas de materia fluyen sobre mi, me cubren y recubren cambiando mi cara y, no sé hasta dónde, mi ser interno. Hay partes del diálogo entre lo visible y lo secreto que dejé de intentar escuchar.

Pero hay cosas que se ven a simple vista.

Cuanto menos solo me siento, menos importante creo que es lo que me pasa.

No hay renunciamiento, sólo perspectiva.

Cuanto más evidente se hace que existen mayores a mi, anteriores, más grandes o capaces, más liviano se me hace equivocarme. El miedo a la crítica o el castigo se reemplaza solito por la tranquilidad de saber que hay una segunda portunidad para todo, que hay una norma que va a venir a auxiliarme con amor en la construcción de lo que hago.

Las esperanzas se transforman en continuidad de los días y su pequeña labor.

Las exigencias y enojos en pequeños tropiezos, tampoco son importantes.

De repente dejo de pelear con mi monólogo interno: ese pequeño simio sentado en mi corteza cerebral puede seguir escribiendo en su maquinita, para siempre. Puedo tolerar ese ruido y no distraerme de lo que pasa.

De repente sé que todos mis esfuerzos van a abonar mi vida. No sé cómo, pero lo importante es que al saber que todos los esfuerzos aportan, ninguno se me vuelve crucial: lo que me es requerido es imprescindible, todo lo demás puede ser abandonado y retomado sin culpa.

Ninguno puede volverse muy grande, desde esta sensibilidad. No hay lugar a la épica, al heroísmo o el sacrificio.

Cuando uno ocupa su lugar en el mundo.

Su pequeño y amable lugar en el mundo.

Kung Fu - I

Es mas o menos así: primero que nada, uno debe aprender a integrarse, a autointegrarse, a autosostenerse integrado.

Porque si no, uno se des - integra. Literalmente, se cae a pedazos.

Eso es inconveniente, porque uno debe entonces andar con cachos colgando, haciendo fuerza para no perderse del todo, intentando reunirse, soportando que el viento sople en lugares que deberían estar cerrados. Participando de la charla que genera que cualquiera le vea las tripas y las comente, o peor aún: mostrarlas uno mismo a propósito.

Una vez que uno mas o menos logra mantenerse autointegrado, tiene que empezar a andar algún camino. Cualquiera, o casi cualquiera.

Hasta entonces, mientras uno no está integrado, el escenario, el mundo, no aparece: uno cuelga del vacío.

Ocurre entonces algo inesperado: a partir de ciertos logros en la autoconsistencia, el mundo empieza a aparecer.
Uno puede pretender que no, y seguir intentando colgar del vacío.
Pero entonces uno se agota en sí mismo, y no tiene sentido.
Es solamente otra forma de autocarcomerse y volver a des - integrarse.

En cuanto uno acepta que está reunido, y que eso genera un afuera, un todo-lo-otro definido, las consideraciones deben necesariamente multiplicarse e integrar el afuera. Uno, básicamente, accede a mayores responsabilidades.
La mejor respuesta global que encontré hasta ahora al conjunto de problemas que trae el considerar un afuera, un otras-cosas-que-no-son-yo, es la presencia, lo más continua posible.
Esto quiere decir: cualquier camino que se recorra, se debe recorrer entero, estando plenamente despierto en cada segundo y mirando de frente todo lo que aparezca.

Si uno desaparece en algún fotograma, en ese momento las cosas se caen o se van.

Se vuelve también inevitable la mirada sistémica: el reconocerse uno parte de un paisaje, ubicado en un punto preciso del mapa, sin posibilidad de llegar a otro punto de ningún modo más que recorriendo todo el trayecto. Otro motivo para estar despierto todo el tiempo.

El único modo de estar despierto todo el tiempo es hacer lo mínimo, parece.

Cualquier esfuerzo por encima de lo estrictamente imprescindible genera ruido, dsitracción, desvía la mirada de la razón del esfuerzo al esfuerzo en si.

No sé, apenas tenga alguna idea más, la tiro.

domingo, 22 de mayo de 2011

Te quiero

Es oscura porque sale de lo profundo.

Se niega a dejarse ver, por momentos aparece en mi cabeza como el movimiento de una planta submarina, como una inmensa víscera sin ojos, un pulpo gigante, mi propio dios monstruoso que al moverse se delata, para esconderse inmediatamente.

No: esconderse no.

La profundidad da tanta autoridad al mandato, a sus órdenes previas a las palabras que, sin articulación alguna, obedezco el pulso y la dejo de mirar cuando lo ordena.

Está hecha de sangre entre otras cosas, de violencia.

La violencia de Ares y Afrodita, la vehemencia de Zeus y Hera.

Los dioses son todo menos limpios.



Suma, a cada día, todo lo de la carne más todo lo que soy, más todo lo que viene de más allá.
Mis peores aspectos se suman: no puedo dejar nada atrás.

En esta magia de entregarme entero.

Y no puedo juzgar: si quisiera discriminar, vomitaría. Vomitaría todo lo que trago, voraz, que viene de más allá.

De las fronteras increíbles de mi ser.

Del otro lado, de otro mundo.

De otra conciencia.

No puedo ni quiero elegir, separar, filtrar.

Soy todo. Ando entero. Tomo todo.

El camino se construye vigoroso, jugoso, invisible.

Lo subterráneo se mueve sinuoso, agitando felicidad primitiva.

La superficie está luminosa y amplia, espaciada, aireada.

Llena.

sábado, 21 de mayo de 2011

Ve hacia la luz, Timmy

Mario Levrero, dueño de una de las mejores prosas atormentadas que haya leído, dice que intentó durante años escribir una "experiencia luminosa" que vivió, sin lograrlo.

Que cada vez que llegaba al núcleo del asunto, la experiencia en sí resultaba sosa, literariamente intrascendente, en contraste con lo profundamente significativa que había sido en lo vivencial.

Gabriel dice que la experiencia luminosa no es catártica, por eso su narración no produce impacto: que las emociones negativas uno sí necesita purgarlas, por lo que se puede alcanzar una masa crítica en cuya acumulación se produzca suspenso, y una descarga en la que el lector pueda desentrañar el nudo y resolución de un conflicto. Pero que las emociones positivas pueden acumularse infinitamente, por lo que no hay masa crítica ni culminación.
Puse algunas palabras en boca de Gaby, pero no creo que llegue a leer esto para quejarse.

Hace mucho escribí esto, donde expreso lo más claramente que puedo mi característica entonces vigente de perder las fronteras entre yo y lo demás, y la sensación desesperante que a veces puede producir, así como su lado bello.
Hace poco empecé a experimentar un nivel interesante de integración conmigo mismo, que tuvo como efecto inesperado un aumento en la nitidez de la percepción de los demás como algo separado de mi y una sorprendente aceptación de esto.
Se me evidencia ahora el hecho desconcertante de la impenetrabilidad del otro y su total independencia respecto de cualquier cosa parecida a un deseo mío.

Extrañamente, no tengo problema en aceptar eso.

Llegó además, al mismo tiempo, una creciente percepción de otra unión e interrelación entre las cosas que construyen un contexto, junto con la muy incipiente sospecha de que los deseos pueden coincidir de modo legítimo, de que el contexto puede construirse intencionalmente de modo que sea sostén de amor y de emociones positivas de acumulación infinita.

Cuanto más me acerco a las ideas más novedosas y trascendentes de mi vida, más descubro que todas se puede expresar desde el sentido común. Las cosas como las ve cualquiera, se van pareciendo a como logro, a través de mucho esfuerzo, empezar a verlas. Y lo más raro es que nada cambia mayormente de lugar: todo parece lo mismo y realmente se podría decir que las cosas en si no cambiaron. Pero no lo es, de ningún modo.
Nada es lo mismo.


Hace dos días me di cuenta de que no quiero entrar en contacto con mi lado femenino por rechazo hacia mi madre, segundo seguido recordé muy vivamente que no soy mi madre, y una especie de mecanismo, de funciones sutiles, pero sencillo y sólido, hizo click y sentí mucho agradecimiento hacia ella por darme entre otras cosas un lado femenino que es mío y no es ella, y me va a dar muchas cosas en el futuro inmediato.
Se mezclaban la alegría de entender que esto tan valioso y fuente de cosas que deseo me pertenece porque es yo y no ella, y el agradecimiento de que me lo hubiera dado a través del parto.

Compré el libro de Levrero porque la premisa desde la que intenta escribir "La novela luminosa" y el método con que intenta abordarla reflejan mi propia problemática con el acto de escribir: yo tampoco logro describir lo importante, el eje del camino de la búsqueda de libertad. Yo también intenté comenzar por generar un contraste que permitiera mostrarlo y me perdí en el morbo de la descripción del dolor.

Además, porque lo conocí personalmente: era amigo de mi padre, pasaban a veces bastante tiempo juntos.

Lo compré en Eterna Cadencia, una librería en la que entré sin saber porqué, dado que siento bastante rechazo por cualquier lugar donde haya grandes pilas de papel, mucho mas cuanto en esas pilas pueda haber algo que me atrape y me robe mi dinero y, peor, tiempo de mi vida.

Después me di cuenta de que el nombre de la librería figura en el blog de una chica que hace mucho no veo, y que tal vez entrara buscándola.

Que en vez de a ella encontré el libro póstumo de Mario Levrero, amigo de mi padre, muerto con apenas tres años de diferencia, y me identifiqué con su problemática, pero que también y quién sabe en qué proporciones, espero en cada página encontrar alguna referencia a mi padre.

Reviví la práctica muerta de comprar libros para buscar a una mujer, para buscar a mi padre, para buscar una ayuda en lo único que tal vez sienta como una desafío que me interesa o una deuda con la literatura que permanentemente alardeo de haber podido abandonar.

Es rebuscado, pero la densidad de las coincidencias me obliga a preguntarme si avancé algo desde el momento en que deseaba que mi padre no se muriera para que pudiéramos algún día volver a jugar como cuando era chico.

Si avancé en mi modo involuntario de buscar cosas.

Si avancé en describir el núcleo de la búsqueda espiritual, en deshacerme del morbo y el facilismo que llevan a narrar la enfermedad y el sufrimiento como si merecieran espacio en la práctica artística.

Si estoy buscando las llaves debajo del farol porque es donde hay luz o porque verdaderamente cayeron en ese lugar.

Lo único claro es que al menos leer los problemas propios que otro tuvo antes que yo y ver qué hizo, puede servirme.

Creo que si, que busco luz.

Creo que si, que vuelvo a pasar por donde estuve.

Creo que es mas liviano cada vez.

Que estoy recorriendo la espiral hacia afuera, hacia arriba.

Entra una bocanada de aire fresco.

Reflexiones sobre el amor en tiempos de hiv. Fotos varias, II

Foto Dos: El amor enfermo.


Me senté a la vereda de "La vaca atada", una parrillita de Palermo en Córdoba y Maure, de esas resistentes al hollywood, que no se compraron platos cuadrados, ni subieron los precios, ni dejaron de ser de barrio, y me pedí una cerveza y una suprema de pollo con fritas.

Mientras esperaba, comencé a relajarme. Había dejado la bicicleta sin encadenar enfrente mío, y el día era fantástico: pesado con vientito y sol dorado, ese que saca los colores más brillantes de los objetos.

Tengo una serie de problemas de vista: no veo lejos ni preciso, pero eso nunca me impidió absorberme en la visión de las cosas, y lo hago tan a menudo como puedo.
En la visión y percepción de las cosas, momentos. En su experimentación sencilla.
El día magnífico me llamaba, y el lugar era perfecto: la esquina de cuatro veredas de casas bajas y casi sin tránsito.
Cada tanto hasta ocurría que no había más ruido que el de los comensales.
La sensación de barrio pachorra que te llama a tierra: de ser una gota que cae desde las nubes, con tiempo para planear, pero con un recorrido seguro. Reconfortantemente seguro.

Y hacía mucho que no me tomaba el tiempo, ya lo extrañaba.

Sentadito a la mesa, replegué algo de mí hacia dentro y lo dejé caer por un túnel negro. Luego lo seguí de cuerpo entero y ojos abiertos, cayendo hacia la quietud del día dorado, flotando, hasta estar a la par.
Ahora caíamos juntos, la quietud y yo, en el fluir vertical de la quietud, ese que cualquier cosa que se mueva rompe, transversalmente. Y, desde ahí, acechamos juntos la próxima oportunidad.

No sé cuánto después, ocurrió: un señor entró sin previo aviso en mi campo de visión. La rotura de la quietud proveyó la energía suficiente para que fundiera mi conciencia en los colores de su camisa, pasteles pálidos, pero tan brillantes con el sol... la proporción de silencio y sonidos se empezó a recortar en un juego de totales que se alternaban como fondo y figura.

A veces estoy parado en el silencio, observando el paisaje de sonidos.

A veces estoy montado en un sonido disfrutando la ilusión de paralaje auditivo, oyendo todo desde el primer plano de este chico que se ríe o este auto que se va.
De repente el árbol sobre la calle con sus hojas que sospecho separadas pero veo fundidas se vuelve plenamente tridimensional, un testimonio de la corporeidad del mundo.

La quieta corporeidad del mundo.

Sobre la mesa circula el reflejo dorado de mi cerveza, por algún lado vuela una mosca y el aire se mueve entre nosotros, sinuoso como un dedo por la arena.
El tiempo no existe.
Pero llega la milanesa y me tengo que reconcentrar para almorzar.




Coincidencias, en el mismo día me encontré con dos astrólogos. Me regalaron una carta natal con Liliana Ortiz y me encontré imprevistamente con Nicolás Martinelli.

Ambos comparten la misma característica de todos los oráculos y algunos dirigentes: dan rienda suelta a su verborragia y se dejan llevar por las palabras hasta cumbres de sentido y significación. En el medio pueden agotarte, pero si uno resiste el cansancio, puede llevarse perlas.
Lo primero que me dijo Nico, fue "el hiv es la enfermedad del amor".
"Del amor enfermo", agregó inmediatamente.



Tras varios años de amistad, me encuentro teniendo fuertes fantasías con X.
Me encuentro en la duda de qué significa la franela que tanto me aplica/nos aplicamos. ¿Es un código entre amigos, que yo estoy perdiendo de vista? ¿Sentirá la misma atracción que yo y tampoco se atreverá a dar ese paso? ¿Disfrutará simplemente de tener un amigo al cual llamar en cualquier momento y franelear, pero no cogerme, todo en un único movimiento cuya razón sea sentir todo ese poder sobre mí, el de atraerme y negárseme sexualmente?
Cierto día, la tensión se me hace insostenible.

Podría llegar a niveles de tensión mucho mayores, pero no tengo interés.

Siento que tengo tareas para hacer con toda esta energía que me consume esta fantasía. No sé cuáles, pero sé que prefiero mantener esta energía para mi o para nosotros en vez de dejarla fugarse en la indefinición.
En los cinco segundos previos a tirarme a la pileta, tomo decisiones nuevas en mi vida.

Si vamos los dos en la misma dirección, buenísimo y veremos qué pasa.

Si no, posiblemente perdamos un amigo cada uno.

En ese caso, no es más una tarea mía contenerla a ella, en ningún aspecto.

Un amago mental de todas las seguridades que en otro momento hubiera intentado darle pasa por mi cabeza: que esto no afecta la amistad, que esto no es culpa de nadie, que pasado cierto tiempo todo se re encauzará normalmente.
Somos los dos grandes, lo mismo que sé yo, lo sabe ella.

Y la única seguridad que puedo dar es que si perdemos la amistad, nos va a doler a los dos.

Y que ya la perdimos, porque yo me la quiero coger, y no estoy dispuesto a mantener eso en la sombra mientras ella me llama para juntarnos en reuniones con amigos a charlar.


No siente lo mismo que yo, supone que lo mío es una cuestión circunstancial, yo no encuentro argumentos para decir que no. Tampoco argumenté una atracción en mi vida, y definitivamente no es éste el momento de empezar.
Prefiero dejar la casa.
"¿Qué vas a hacer ahora?" me pregunta.
"No sé" le respondí, y era verdad.
Pero si hubiera sabido, ya era asunto solamente mío.



Liliana Ortiz, la otra astróloga, dijo por su lado (coincidentemente con algunas ideas de Alicia Valero,), que mi campo áurico tiende a ponerse poroso, permitiendo la entrada de cualquier basura, y que esto está íntimamente vinculado con la manera en que me relaciono con las personas, lo que busco en las relaciones.

Que tengo problemas para mantenerme unido, que sufro disoluciones espontáneas de mi personalidad, que los bordes entre lo que experimento y lo que soy se me difuminan fácilmente. Que mis fronteras son fácilmente invadidas.

Que ahí radica el aspecto femenino de mi poder creativo (síntesis mía), al mismo tiempo que un espacio de debilidad, por no poder mantener mis límites definidos.

Mis defensas altas.




Duermo y sueño.
Hace miles de años, conocí, una vez, una chica que me gustaba. Tal vez estuviéramos en una fiesta, lo que recuerdo es el proceso.
Primero, de a poco, todo lo que nos rodeaba comenzó a apagarse.
Después, yo.
Cuando sólo quedaba ella, volví a ser conciente de tener un cuerpo, porque el mío estaba fluyendo hacia ella.
Primero las moléculas de mi cara, de a una. Eventualmente mi pene seguiría el camino, pero por ahora, yo era simplemente un río de moléculas que habían sido mi cuerpo que, como vapor, como niebla, abandonaba la estructura de mi ropa, que seguía simulando un hombre parado y comenzaba a rodearla.
A abrazarla.
A ser respirada por ella.
A embeberla, y cuando sus moléculas empiezan a teñirse de mi, despierto angustiado.
Afortunadamente, estoy solo.

Lo bueno de estar solo es... que me gusta disgregarme, pero necesito volver a concentrarme con periodicidad, y si hay alguien cerca puede ser doloroso y confuso.
Y si estoy solo es más fácil volver a ser yo. La diferenciación y expulsión de lo que no soy yo es tanto mas sencilla...
Aprovecho lo inusual de la hora para estar despierto y, oyendo los pocos sonidos de la noche, algo de mi resbala hacia dentro. Y la frazada se vuelve un cuadro puntillista en braille sobre mi piel. El dibujo es... fascinante.

Atrapante.

Inconcebible.

Inexplicable.

Empiezo a sentir el aire sobre mi cara, el aire entre mi cara y la pared, el aire
desde la pared hacia mi cara.

Como vapor, como niebla, empiezo a sentir el cuarto más allá de las frazadas, y vuelvo a dormirme, al mismo tiempo.

Algo de mi cae hacia un túnel negro.

Las frazadas flotan sobre la cama vacía.

Y no estoy más.

domingo, 15 de mayo de 2011

regalo

Hay personas que son un riesgo, y personas que son ganancia neta.
Meuge es de las segundas.
Es de las que cuando llegan parece que ya estaban desde mucho antes, de las que cuando te das cuenta que les tenés cariño una voz interna te dice que por fin te enterás.

En algún momento leyó el texto posteado un poco más abajo, "te quiero gorda".
Y nos regala esto.

Siempre un lujo.























La contemplación callada por un período breve es la llave a un mundo de emociones poderosas, con las obras de M. Siempre.