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lunes, 11 de junio de 2012

La Rueda de la Fortuna por Adro Tenembaum

Características Generales de los Arcanos, Mayores y Menores

Todas las cartas de tarot son llamadas Arcanos, palabra cuya traducción más regular dice que significa "misterios".
Porqué una cosa cualquiera puede ser llamada un "misterio" tiene que ver con una actitud existencialista que se basa en el hecho de que todo, absolutamente, tiene una superficie, que es lo primero que se conoce y en la cual la conciencia refracta, lo que le impide (a la conciencia) adentrarse de un solo vistazo en la profunda y verdadera naturaleza de la cosa percibida.
En epistemología se suele decir por esto que el primer obstáculo al conocimiento es el conocimiento mismo.

Lo que hacen las 78 cartas del mazo de tarot es representar, a través de metáforas, otras tantas situaciones de la vida, buscando abarcar así la totalidad de las experiencias significativas que cualquier ser humano puede atravesar.
Por un lado, cada situación es en si misma un "misterio", según lo antedicho y por otro, cada carta representa solamente lo genérico, lo medular, de cada situación. Por lo que, en una lectura, la carta es un cascarón a romper para poder penetrar con mayor profundidad en la situación concreta hacia la que señala.

Las 78 cartas se dividen en 56 Arcanos Menores, divididos a su vez en cuatro palos, como los mazos comunes, y 22 Arcanos Mayores.

Los Arcanos Menores reproducen situaciones vitales más o menos circunstanciales pero arquetípicas, de acuerdo a un código numérico por un lado, un código basado en los palos por otro, y una representación pictórica o visual que intenta condensar y manifestar todas las metáforas posibles que surgen del cruce de ejes números / palos.
Intentan agotar, en cincuenta y seis combinaciones, todas las circunstancias significativas posibles. Por esto es que buscan lo central antes que lo anecdótico: separan, por ejemplo, el concepto de “tregua” del de “paz”, porque ambas cosas son similares pero diferentes, pero trata de evitar la definición de una forma específica de “paz”, para que la carta pueda representar la paz en la vida de cualquier consultante, independientemente del resto del contexto: saber si es paz laboral, si es paz conyugal, si es paz conseguida tras largas luchas o no, etc., llega a través del resto de las cartas, en cada lectura.

Los Arcanos Mayores, en cambio, no tienen ejes genéricos, y el contenido de cada uno desborda cualquier grilla: son un conjunto especial de conceptos trascendentes. Prescinden del cruce que hacen los Arcanos Menores entre número y palo, y son cada uno la abstracción de un aspecto fundamental y, al mismo tiempo, complejo, de la experiencia humana.
Algunos porque remiten al funcionamiento teórico del universo, otros porque remiten a aspectos no circunstanciales (sino permanentes) del ser humano.

Si los Arcanos Menores metaforizan la variedad de la experiencia humana, los Arcanos Mayores representan la estructura desde la cual se la vive e interpreta, las matrices conceptuales desde las que se generan las ideas que expresan la experiencia existencial, y las experiencias inevitables que esta estructura atraviesa en el desarrollo de una vida humana.
Son conceptos al mismo más abarcativos y de mayor peso que los Arcanos Menores.

Damos por sentado que estas cartas representan no solo experiencias posibles, sino también espacios de la psique preparados especialmente para hacer posibles estas experiencias.

De todas las teorías sobre el origen del tarot, adherimos a las que no señalan un autor o cultura particular, así que no es posible saber quién o en qué circunstancias concibió los diseños de los Arcanos Mayores, pero es nuestra creencia que, quien haya sido, tuvo el talento suficiente como para acceder a contenidos profundos y estables del inconciente colectivo
Esta es la base del postulado más fuerte e interesante de la corriente de tarot a la que adherimos: que es que los Arcanos Mayores representan factores y funciones psíquicas universales.

Son, desde este punto de vista, los ladrillos elementales con los que trabaja la mente de cualquier ser humano: independientemente de su cultura o contexto, toda persona interpreta la realidad desde estructuras psicológicas subconscientes.
Suponemos que estas estructuras psicológicas subconscientes que determinan la percepción e interpretación del mundo son universales, y que no se las puede definir de un amanera terminante, pero que los Arcanos Mayores representan una formulación extremadamente aproximada a su contenido más básico.

Y esta es la razón de que no tengan un orden conceptual: de la misma forma que no se pueden numerar los órganos internos de una persona porque no hay ninguna necesidad lógica de que el corazón esté antes o después que el esófago, no se puede dar una jerarquía definitiva y consistente a todos los constituyentes de la psique, aunque algunos aparezcan más relacionados entre sí que otros, y eventualmente, en diferentes conjunciones de cartas, se puedan establecer relaciones de paternalismo, de dirección, de subordinación, etc.
Pese a esta falta de orden intrínseco, o precisamente para paliarla, quizás, se han propuesto varias formas de “hilar” los Arcanos Mayores entre sí, y aquí exponemos brevemente dos: la noción de que representan el desarrollo psicológico de un individuo y la de las virtudes cardinales, dado que las consideramos fértiles a la hora la interpretación y reflexión.



Los Subgrupos dentro de los Arcanos Mayores

Los Arcanos Mayores tienen, según varias corrientes teóricas, entre uno y varios arcos argumentales, comunes a los 22 y superpuestos según niveles de interpretación entre psicologicistas y cósmicos, dependiendo del tipo de fenómenos a los que aludan.
Según quién, en el desarrollo de las 22 cartas, puede leerse el desarrollo psicológico de un individuo desde su nacimiento hasta la máxima madurez posible, o puede estudiarse el funcionamiento teórico del universo, o pueden encontrarse todas las instancias de la vida política y social humana.

Algunos grupos de cartas pueden aislarse según estas ideas: de esta forma, las “Virtudes Cardinales” explican la física teórica del tarot según la cual funciona el universo, en el nivel mínimo conceptualizable.

De la misma forma, hay un conjunto de cartas que representan al individuo, sus componentes psicológicos y sociales y lo básico de su acción en el mundo.

Estas cartas son las que van del Cero al Siete, siendo Cero y Uno, El Loco y El Mago, las expresiones del individuo en su aspecto más infantil y más desarrollado respectivamente, y las siguientes cuatro los componentes iniciales y fundantes de cualquier individualidad.


Las virtudes cardinales

Dentro de los 22 Arcanos Mayores, algunos autores distinguen cuatro de ellos como el subgrupo especial de las “virtudes cardinales”.
Según cada autor, estas virtudes son adjudicables a, o representadas por, los cuatro elementos, cuatro arcángeles específicos (Uriel, Rafael, Miguel y Gabriel,), cuatro dioses paganos, cuatro demonios babilónicos o cuatro santos católicos (Mateo, Marcos, Juan y Lucas ).
Este debate no importa demasiado para nosotros porque, dadas las características de las “virtudes”, que ahora veremos, no resulta obvio ni imprescindible que su número preciso sea cuatro, con lo que la fuerza argumental de la idea decae, si bien su fuerza poética (y mnemotécnica) se mantiene.
Lo que hacen las “virtudes cardinales” es crear y sostener el mundo.
Donde falta alguno de estos principios, la energía se escapa, la materia se desmorona o confunde y la conciencia no encuentra apoyo, por lo cual, exista o no algo más allá de la trama de las virtudes, es incognoscible para nosotros.
Estas virtudes son: la Templanza, la Justicia, el Amor y la Fuerza. Cada una comparte características con las otras, pero mantienen reinos y funciones definidas.
La Templanza integra y economiza: junta elementos dispares y mediante su acción los funde en otro elemento distinto dejándolo, idealmente, en su punto justo, en su centro exacto. Es el metabolismo que transforma lo que uno come en uña, ojo, hígado. Es la sinergia.
La Justicia, por el contrario, discrimina: hígado e intestino pueden estar cerca, tocarse y pertenecer al mismo cuerpo: ser el mismo organismo. Pero cada uno es cada uno. La fuerza que mantiene identidad y característica de cada uno es la acción de la Justicia, indicando quién es quién y qué le toca recibir y hacer.
El Amor es lo que motoriza todo esto: es la intención de acercamiento entre las cosas, es el fluír del sentimiento y la atracción, la tendencia a asociarse. Es el sistema circulatorio del universo, la emoción.
Finalmente, la Fuerza, es el sostén, la sangre misma. Es el Chi, el Ki, el Prana. La energía que, llevada por el amor o por sí misma, se zambulle en la materia y la convierte en carne. Es la vida misma: en el umbral entre la conciencia más mínima y la nada, vida inconfundible.






 Arcano Mayor Número 10: La Rueda de la Fortuna

La versión del mazo Rider de esta carta la ubica entre aquellas que contienen en escena al total de las fuerzas universales, o virtudes cardinales.
En esta carta es donde, por primera vez y producto del aprendizaje de la paciencia del Ermitaño, el individuo accede a una perspectiva de la realidad que trasciende su propia escala.
Como primera vez, es necesariamente limitada, pero extremadamente útil.

La Rueda de la Fortuna representa el dinamismo, la tendencia al movimiento de la realidad desde su aspecto más básico y crudo, dentro de lo perceptible por el ser humano: todo aquello que esté sostenido por las condiciones básicas de existencia – Templanza como integración, Amor como motor, Justicia como organización y Fuerza como sostén – entrará en movimiento, indefectiblemente.

El movimiento en sí es inabarcable, pero la característica fundamental del cerebro humano como órgano perceptivo es encontrar o crear orden en el mundo. Y el movimiento es la única fuente de la sensación de tiempo.
Por lo tanto, dentro del movimiento de todo lo que existe, encuentra los ritmos subyacentes y crea series dentro de la sucesión inacabable de hechos que ocurren.
A partir de entonces, el individuo tiene para siempre un pie en cada lado: un ojo en medio del río, mirando la corriente venir de frente, y otro en la orilla, viéndola pasar, desde una perspectiva más “objetiva”.

Cuando se contemplan las cosas desde el ojo dentro del río, todo es veloz, fugaz y diverso, diferente.
Cuando se las contempla desde la orilla, el cerebro comienza a encontrar similaridades y procesos: la luna de cada es noche es siempre diferente, pero en treinta días regularmente engorda y enflaquece, late. Cada atardecer es único, pero siempre es seguido por la noche, y luego por el día y otro atardecer. Todos los niños crecen, y se chocan con la adolescencia, todos los matrimonios tienen su crisis del séptimo año.

Cada vez que un patrón rítmico, una serie, recomienza, se activa la metáfora de La Rueda y lo circular.

La visión del movimiento intrínseco, íntimo de la realidad y la magnitud infinita de ciclos que contiene, tienden a producir en los individuos una sensación de sobrecogimiento reverencial y asombro casi religioso, que puede derivar en dos caminos diferentes: una parálisis y una actitud de “rendirse” ante la vida, porque “todo es demasiado” y “todo ocurre sin necesidad de nuestra intervención”, cuando estas sensaciones de inmensidad chocan contra un ego demasiado constituído, o una “reposada urgencia a la acción”, surgida de la tranquilidad de que, si bien hay cosas que sí se lleva la corriente, también hay otras que vuelve a traer, siempre, por lo que el trabajo que no se puede realizar en un solo día no necesariamente se pierde, y alcanza con flotar atento para ir sumando una oportunidad ganada tras otra, y acumular, y realizar un día lo impensable.

Las figuras de las cuatro esquinas de la carta representan a las virtudes cardinales, en diferentes encarnaciones.

Las que giran alrededor de la rueda representan los dictámenes “Yo mando”, “Yo he mandado” y “Yo quiero mandar”, así como tres dioses egipcios (cuyos nombres no recuerdo pero) que representan la vida, muerte y resurrección, entendidas como la dinámica que mantiene vigente el total de la vida a nivel planetario.

Las letras hebreas y la palabra “Taro” dentro de la rueda aluden a un intento del argumentista del mazo (Richard Waite) de vincular el tarot a la Torah, y por lo tanto a la Kabala y la tradición filosófico – religiosa hebrea, y por último a la estructura del nombre de Dios dentro de esta religión. Una exageración respecto del tarot, a mi gusto, pero una muestra cabal de la importancia que tiene esta carta y este concepto en realidad, porque la idea final, es que el nombre de Dios está inscripto en el total de los acontecimientos que puede percibir el ser humano, e implicado en el orden, tanto en el orden subyacente que sustenta a los acontecimientos, como en el orden que los acontecimientos despliegan y que les permite ser comprendidos como tales por los seres humanos.

Pueden ser, entonces, palabras clave para la interpretación de la carta: percepción del tiempo – paso del tiempo – lo cotidiano, el día a día – el ciclo – lo que se repite solo – altibajos y vaivenes

miércoles, 20 de abril de 2011

Diálogos en la cocina

-La última pregunta: y tal cosa, entonces, ¿es así o asá?
- Asá. Y quiero recalcar que dijiste "última pregunta", así que espero que no preguntes nada más nunca el resto de tu vida.
- Si, claro. De ahora en más, solamente voy a hacer afirmaciones.
- Huy, cagamos.
- Si, claro.







Final alternativo:
- Huy, cagamos.
- ¿Porqué hablas de "nosotros", kimosabi?

domingo, 3 de abril de 2011

Los hombres dulces

Sé que otras tribus lo hacen diferente.

En la mía, cuando nací, todos los hombres de la tribu vinieron a festejarme. Antes de que me robara un duende, me robaron ellos y me llevaron al claro donde recibimos a todos los nacidos de nuestra especie. Bailaron durante tres días, y se turnaban en mi cuna para alabarme y cantar canciones suaves sobre mis virtudes.

Me escondieron esos tres días de las mujeres: sólo entraba mi madre a amamantarme, en un juego de escondidas, mientras los hombres pretendían que no la veían, buscando duendes hostiles. Ella sólo me cantaba en la hora de la luna: es un recuerdo vaporoso, plateado y con algo de filo en algún lado.

Siempre hay alguien cantando cerca de la cuna de un recién nacido: no dejamos que haya silencio a su alrededor, más que para enseñarle los sonidos del mundo.

Tres días cantaron para mi la canción de mis ancestros:

Somos los hombres dulces

Nuestra tribu está en el largo de todos los días juntos

No disminuye y no crece

Entramos y salimos

Y hoy entra uno

Tiene que aprender a cazar, porque ya sabe cantar

Tiene que aprender a nutrir su casa, porque ya sabe buscarla

Tiene que aprender a sostener su debilidad y la de otros

porque ya sabe prender la semilla y seguir la estrella

Tiene que aprender el secreto del pozo

y mostrar la verdad de su fuente

Porque es uno de nosotros

y no pertenece a sus padres ni a sus hijos,

ni a hermanos ni esposas

Porque es uno de nosotros,

los hombres dulces.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Duo Maintenant

Hacía mucho que no veía una performance atlética con tanto sentido estético y artístico.
El timing perfecto entre ambos, la personalidad y expresividad de los dos...



















Aunque es cierto que, cuando él le toma el talón desde la nuca, se la ve un poquito preocupada...

jueves, 23 de septiembre de 2010

Muejejejeee

Nueva aparición en La Danza...




Nótese como:
a)- la ausencia y la distancia aumentan las proporciones: en la fiestarot posta no tocó Terranova. Bien bueno hubiera estado.
b)- el personaje desesperado por droga... no soy yo!!

Mil gracias Fede, también por el maquillaje.

jueves, 2 de septiembre de 2010

La rosa y el lecho - II - Addenda

Meuge está a pleno y lastima.

















Esto es de esto.
Ya le dije que, hasta que no empiece a escribir cosas más alegres para que ella dibuje algo bonito, dejo de mirar lo que ilustra y lo subo a ojos cerrados.

esto es mejor que ser estrella de rock and roll!!

Nueva entrega de la historieta que me tiene de personaje de reparto.





Sospecho que con esto se acabó, es todo amigos, viviré algunos años como Adam West, firmando autógrafos y comiendo sanguchitos en convenciones. Pero valió la pena!! Gracias Fede!!

jueves, 26 de agosto de 2010

¿Y ahora quien me aguanta?

La sensación posta es que una parte mía volvió a casa.
Mientras el resto de mí debe seguir arrastrándose en esta dimensión de carne, la otra parte lo logró, y volvió al mundo inmaculado de donde nunca hubiera salido:
la historieta.

































El contexto, acá. Las entregas son semanales. Ni idea de si vuelvo a aparecer, pero conociendo a Baert, lo más probable es que en algún momento un perro o un borracho enojado nos corra a todos por la calle.

Lo demás de Fede, acá (vayan directo a la columna de la izquierda y elijan lo que gusten-hay una producción extensa y fuerte, tanto de Fede como de los amigotes Caio y Marcos).

domingo, 23 de mayo de 2010

Un hombre, tres veces

Esto tiene algo así como cuatro años...

Para descargar el archivo y leerte esto cómodamente en el baño, el bondi o la cama, hacé click acá. (3 páginas)


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Un hombre presencia un accidente mortal en la calle.

La imagen lo persigue durante el resto del día en todas sus acciones cotidianas, y no sabe si esta obsesión se debe a la mera impresión de haber visto un hecho de sangre o a querer interpretar esto como un mensaje del cosmos cuyo significado versa sobre la brevedad de la vida.

Se fascina con la idea de que lo visto debiera generar en el alguna reacción particularmente dramática y revolucionaria, de que debiera obrar alguna transformación en su vida. Pasa todo el día preguntándose porque no se genera en él el coraje o la necesidad de modificar su rutina, de cumplir sus sueños.

Comienza a familiarizarse con la idea de que el miedo a la muerte no es lo bastante fuerte como para romper sus miedos cotidianos. Reflexiona que ambos son relativamente vagos y ambiguos, pero esta mas acostumbrado a convivir con sus pequeños miedos que a intentar romperlos.

Por otro lado, la casi certeza de que no se morirá inmediatamente después de enfrentarlos le plantea la pregunta de qué sigue tras el primer momento fantaseado, el único claramente visualizado.

Descubre que lo que se plantea como miedos y fantasías, como aquello que siempre quiso hacer y no se atrevió, son ideas de cartón sin trasfondo. No son ningún tipo de proyecto, no tiene idea de para que quiere hacer esas cosas, nunca las pensó en función de convivir con los resultados de esas acciones que creía no atreverse a ejecutar. Entiende que ése es el motivo de que siempre le resultara tan fácil conformarse con lo pequeños placeres que le deparaba su rutina, incluido el fantaseo: el hecho de que son sobrellevables a través de la vida que uno espera ejecutar. Recuerda un comentario de Groucho Marx sobre el despilfarro de las jóvenes generaciones, que gastaban su dinero como si se fueran a morir en breve. Decía Groucho que alcanzaba con que se equivocaran un poco, algunas décadas por ejemplo, para tener la certeza de que pasarían su vejez en la pobreza. El hecho es que uno espera seguir vivo pasado mañana, y no quema sus barcos en previsión de ello. Esa es la respuesta razonable a porqué uno no intenta cumplir forzadamente sus fantasías.

La nueva pregunta es porqué las alimenta, y, más importante, porque se amarga por su incumplimiento. Porqué las piensa no en su clara acepción de fantasías, sino en una falsa acepción de metas a cumplir, deberes, obligaciones para con la propia vida. Y porqué no usa esa misma energía para plantearse metas más razonables, posibles de ser cumplidas y que realmente modifiquen la vida de uno para mejor. Claro que, de hacerlo, habría que bancarse que la vida de uno sea regularmente modificada, lo cual tampoco es cómodo. Entre el miedo al azar y el fondo de desconfianza que cada uno se tiene a sí mismo, sería demasiado no-saber-a-donde-puede-uno-ir-a-parar junto. Y realmente parece tan segura la rutina... que un accidente mortal hasta sería un fin elegante a la vida.

Lo realmente peligroso es el agotamiento de la rutina. La sencilla decadencia donde uno se va acostumbrando a vivir cada vez con menos, ocultando el dolor de la impotencia en aumento.

Aquí el protagonista se encuentra con un peligro similar a aquél que creyera que lo amenazaba en el principio de sus reflexiones, pero con más matices de verdad, y por tanto, con más posibilidades de ser verdaderamente transformador. El problema es que no sólo no satisface las necesidades estéticas del protagonista al carecer de elementos dramáticos, sino que implica una cantidad de trabajo agobiante, casi imposible a priori de ser enfrentada.

El último problema se le revela al protagonista a la noche, antes de dormir: el razonamiento es demasiado verídico para que pueda ser ignorado.

Tarda en conciliar el sueño.





Un hombre presencia un accidente mortal en la calle.

La imagen lo persigue durante el resto del día en todas sus acciones cotidianas, y no sabe si esta obsesión se debe a la mera impresión de haber visto un hecho de sangre o a querer interpretar esto como un mensaje del cosmos cuyo significado versa sobre la brevedad de la vida.

Se fascina con la idea de que lo visto debiera generar en el alguna reacción particularmente dramática y revolucionaria, de que debiera obrar alguna transformación en su vida. Pasa todo el día preguntándose porque no se genera en él el coraje o la necesidad de modificar su rutina, de cumplir sus sueños.

Comienza a familiarizarse con la idea de que el miedo a la muerte no es lo bastante fuerte como para romper sus miedos cotidianos, lo que lo maravilla. Reflexiona que ambos son relativamente vagos y ambiguos, pero esta mas acostumbrado a convivir con sus pequeños miedos que a intentar romperlos.

Se impresiona profundamente con la simetría insospechada que encuentra entre el miedo a la muerte rotunda y el miedo a la simple varianza en la experiencia cotidiana. Uno, se dice, lo lleva a olvidar la posibilidad de cambio y vivir el hecho puro de la rutina. El otro lo induce a negar la realidad, el también puro hecho de su muerte segura. Ambos miedos, abstractos, le implican recortes en su percepción de la realidad y, por tanto, mutilan su libertad de acción con igual intensidad pese a la diferencia cualitativa entre una amenaza y otra.

Esta igualdad de peso deja huella profunda en su mente, modificando sus miedos de noche en noche. Ya que no puede evitar morir, decide introducir, como un deber moral, el cambio en su vida. Comienza a modificar sus rutinas compulsivamente, ansiosamente. Cambia sus circuitos con un dejo de susto, a veces se descubre haciendo lo mismo que el día anterior y una gota de sudor frío le cae por la sien. Cuando agota las diferentes formas posibles de llegar a la oficina, intensifica las modificaciones en su desempeño laboral. No se le escapa la certeza de que eventualmente esto también se agotará y tendrá que dejar de concurrir a su trabajo. No sabe de qué podría vivir, pero esa preocupación no lo asusta tanto como el terror morboso a repetirse en vida. Incluso le encuentra un cierto sabor a desafío que lo estimula más que el terrible trabajo de encontrar cada mañana formas nuevas de hacer las cosas indispensables.

Sabe que hay miles de trabajos, y eso es tranquilizador frente a las pocas formas que hay de lavarse los dientes.









Un hombre presencia un accidente mortal en la calle.

La imagen lo persigue durante el resto del día en todas sus acciones cotidianas, y no sabe si esta obsesión se debe a la mera impresión de haber visto un hecho de sangre o a querer interpretar esto como un mensaje del cosmos cuyo significado versa sobre la brevedad de la vida.

Se fascina con la idea de que lo visto debiera generar en el alguna reacción particularmente dramática y revolucionaria, de que debiera obrar alguna transformación en su vida. Pasa todo el día preguntándose porque no se genera en él el coraje o la necesidad de modificar su rutina, de cumplir sus sueños.

Comienza a familiarizarse con la idea de que el miedo a la muerte no es lo bastante fuerte como para romper sus miedos cotidianos. Reflexiona que ambos son relativamente vagos y ambiguos, pero esta mas acostumbrado a convivir con sus pequeños miedos que a intentar romperlos.

Por otro lado, la casi certeza de que no se morirá inmediatamente después de enfrentarlos le plantea la pregunta de qué sigue tras el primer momento fantaseado, el único claramente visualizado.

Decide descubrirlo en la práctica, y se pone a ejecutar todas aquellas cuentas pendientes que puede recordar.

Besa a la vecina en el ascensor, y se sorprende de lo poco que le importa la reacción escandalizada de ella, así como la casi total falta de líbido que experimenta. Razona que la gran cantidad de expectativas que tenía opacan la realidad.

Continúa con su plan de descubrimiento y encuentra la forma de robar billeteras en los colectivos. Descubre que es bueno en eso, y así se financia una par de saltos en paracaídas. Una vez lo atrapan y le dan una paliza, en uno de los saltos se rompe una pierna al aterrizar.

Todo se le hace increíblemente fugaz y desabrido. Ejecuta cada acción esperando la gloria o la beatitud de un sueño realizado, la experiencia del presente eterno, la vividez, la plenitud. Sólo encuentra una vez tras otra un vago terror, su propia torpeza, la frustración. Recurrentemente se enoja con las dificultades que su odisea autoimpuesta le trae para cumplir con sus rutinas necesarias. Nunca se termina de sentir cómodo con la nueva forma en que lo miran los vecinos.

Casi agotada la lista, descubre la felicidad que le proporciona la práctica de la jardinería. Se muda al conurbano, se consigue una casita con jardín, vive contento. Deja sin cumplir la caza de tiburones, el motociclismo y un paseo por París.

jueves, 22 de abril de 2010

Tengan buenas noches

"Shir Ali Mardan" from 'Dance variations on Persian themes'
performed in San Francisco & Vancouver,
September 2007
Music by: Farnoush Behzad
Vocalist: Parvin
Filmed by: Abbas Hojat-Panah










Siempre me quejo de que las mujeres tienen todo tipo de textos y talleres sobre trabajos artquetipicos, corporales, sociales, psicológicos, etc. en relacion a la identidad femenina, y los hombres nada, o nada que yo conozca, similar y referente a la masculinidad.
Con este tipo podríamos empezar a escribir un buen libro.

jueves, 8 de abril de 2010

Tomá, limate

y ya sabés: la próxima vez que alguien te diga "mi anus is bleeding" ¡dejá de bailar!






lunes, 1 de febrero de 2010

El baul de las cosas nuevas

Hay cosas que no puedo, por motivos de respeto a los parametros que yo mismo fijara, incluir en los espacios para los que fueron originalmente diseñadas, pero que estan muy buenas igual.
Es el caso de esta Reina de Copas que hiciera Santiago para Proyecto TC.
En lo practico, el toque siniestro que tiene, combinado con la corona roja y el hecho de que NO mire la copa, se termina volviendo directamente contradictorio con el sentido original de la carta.
Excepto lo siniestro, lo demas podrian ser matices reemplazados por la oscuridad, tomada como internalidad, la posicion sensual relativametne cercana a las copas, etc.
Pero el total toma un aspecto demasiado mujer-pantera-devoradora-de-hombres.
Cosa que es contradictoria con la carta, como dijimos, pero que tambien me gusta demasiado para no exponer en algun lado!

Con uds., el primer boceto descartado de varios que iran subiendo, junto con las cartas de referencia que se tomaron de base o guia, y parte del texto al respecto, elaborado por sss, y/o robado de fuentes varias.
Todo el texto y miles de cartas, acá. Bueno, miles no.





Santiago Slaby















Hacele click, papá, que se abre y te pega el susto de tu vida.





Version Rider, "oficial" de Proyecto TC















Reina de Copas
En esta carta hay una doble aparición del concepto de contención: la de todo el palo de las copas, de contener el agua, y la de todas las figuras femeninas, de contención física - emocional, tanto en su rol físico de amantes como en todas las asociaciones posibles maternidad - contención.

La contención de la Reina de Copas, además de todo esto, es muy difícil de concebir si no se experimentó porque es la única contención que puede ser absolutamente plena como tal y sin embargo permanecer totalmente libre de toda posibilidad de convertirse en restricción, retención u opresión. No tiene doble filo: si una persona goza de ser contenida por una Reina de Copas, la sensación que experimenta es (literal y no metafóricamente), la de apoyarse en nubes en las que se diluye su angustia. Pero esto ocurre principalmente con una Emperatriz, que contiene a la Reina de Copas, porque las Reinas raramente se ocupan de contener a otros.

Su función real es la de ser la parte de cada uno que provee el equilibrio interno de los sentimientos.

Este equilibrio es un equilibrio puramente de copas. No es el orden del intelecto desenmarañando los sentimientos, cosa que sería una intrusión de las Espadas en el reino de las Copas y que corresponde sólo en casos de reconstrucción profunda, y en cantidades mínimas a comparación de lo que se piensa habitualmente, dado que la respuesta común, y el consejo voluntarista más escuchado es "tenés que pensar tal o cual cosa", "no tenés que sentir tal cosa por esta razón", y esto es otra cosa.

Las fuerzas que ordenan y contienen los sentimientos pertenecen al mismo reino y tipo, son la misma clase de movimiento de que están hechas las emociones y la Reina de Copas las mueve, no exactamente por voluntad, ya que cumple una función, pero si a través de su atención.
Cuando este lado de cada uno, o una persona bien nutrida y equipada de recursos en lo sentimental lleva su conciencia hacia el curso de sus sentimientos, este focalizar la atención activa espontáneamente los recursos psíquicos adecuados, y produce una tendencia al orden.
La Reina de Copas no opina, no juzga: simplemente mira, se "queda con" y en este mirar y acompañar, en este estar cerca, su presencia sola contiene, y lentamente clarifica y ordena.
No dá órdenes, tampoco. La organización que produce su mirada es como el crecer de una planta: un desarrollo amable, silencioso y misterioso hacia lo más sano y adecuado, dentro de lo posible.

Muchas veces, este camino al orden incluye un período de reacomodamiento doloroso. Reconocer un período de dolor "adecuado y necesario" de uno de dolor dañino, improductivo o no vinculado a la resolución de problemas concretos, es su tarea y habilidad.
Generalmente, la persona que transita esta carta se caracteriza por el constante contacto, la inmersión de la conciencia en lo emocional.
Cuanto más libre esté la actividad de esta carta de la de otras (la turbulencia demandante de los Bastos, el juicio impositivo de las Espadas) más tranquila, sólida y rápidamente hará su trabajo, trayendo orden y paz a la copa, o pudiendo extraer los elementos depurados para pasar tareas concretas a los otros palos (por ejemplo, la imagen del deseo que las espadas tendrán que encargarse de conseguir, o la información de la satisfacción de la pulsión).

Podrían ser, entonces, palabras clave para la interpretación de esta carta: madurez - plenitud - administración interna - equilibrio emocional - silencio - introspección emocional - amabilidad - agua
















Version Thoth, super interesante. Modelo "alternativo oficial" de TC.