Hay que insistir en la pregunta, no quiere terminar de escucharla.
“Pienso que las cosas se podrían haber dado con menos dramatismo, pero entiendo que fue una necesidad tuya y lo respeto”.
“¿Hablaste con Javier del tema?”
“Claro. Javier está muy dolido por la separación con vos, y...”
“¿Le contaste de Alfredo y vos?”
“No”.
Nos miramos.
“Para mí es totalmente necesario que blanquees con él.”
“El ya sabe...”
“Necesito que se lo cuentes vos”.
Que Felisa reconozca ante mi hermano que hay antecedentes de abuso endogámico en la familia, quiero creer, daría base a mis propias acusaciones. También implicaría una retractación clara de cosas hasta ahora negadas o escondidas.
Quiero creer que las consecuencias de esto en cualquier consideración que pueda hacer Javier son masivas.
Pero en realidad no lo espero, no creo que nada saque a mi hermano del lugar en donde él es tan copado que me quiere aunque yo esté loco y lamenta que yo ande diciendo boludeces y creyéndomelas.
“Si a vos te parece que eso pesa sobre la posibilidad de que se reencuentren...”
“Si, claro”.
Comenta en voz baja que está dispuesta a tratar el tema con un terapeuta que a todos nos parezca adecuado. Se lo tomo inmediatamente, le agradezco la disposición.
Me tiembla la respiración muchas veces, al hablar, a veces se me reduce la voz a un hilo, como a ella.
Charlamos un poco más, insisto en que hable con Javier. “Todos tenemos que saber lo mismo, no está bien que unos sepan unas cosas de la historia de la familia y otros no: todos tenemos que saber lo mismo”.
Disolvemos la reunión y mientras va al baño antes de salir, decido pasarle una factura más.
Le digo “pensé si hacerlo o no, pero es mejor que todo quede ya dicho”.
“El tiempo que viví con ustedes, yo nunca lo dije, e hice fuerza para no pensarlo, pero me terminó llamando mucho la atención que personas muy dispares y sin contacto entre sí pensaran que yo le bancaba la carrera a Javier, por estar yo aportando dinero a la casa y él no”.
“Bueno, a mi lo que piensen los demás me importa poco”.
“Debería importarte algo más. A mí, como indicador, me parece al menos curioso”.
“Pero además, el dinero que vos aportabas no fue nunca más que el de tus propios gastos”. Omití que además me compraba y cocinaba mi propia comida, y fui derecho a lo que me importaba.
“Pero Javier no tuvo que aportar ese dinero. Y vos eras muy conciente de que yo además le aportaba a mi viejo. El total de la plata que le daba a los dos era un tercio de mi sueldo. Exactamente la cantidad de plata que después usaba para pagarme un alquiler por mi cuenta. Y mientras estaba en tu casa, no entendía porqué no me alcanzaba con el dinero que ganaba trabajando para independizarme”.
Segui “y cuando me dí cuenta de esto y te lo dije, lo que vos me respondiste siempre fue que ese era un arreglo que habías hecho vos con Javier”.
“Y siempre me hizo demasiado ruido que en una casa donde estábamos tres personas, dos hicieran un arreglo. Que nunca nos hubiéramos sentado a que se dijera abiertamente ´Javier no va aportar sus gastos, Rogelio si´. Y que estuvieramos en esa situacion durante años, viviendo en la misma casa. No considero que haya sido inocente de tu parte, ni de la de Javier. Y es más de lo mismo: todos tenemos que saber lo mismo que saben los otros. Necesito transparencia”.
En algún momento, refiriéndose a su desprecio por la opinión de terceros, dijo algo como “Yo estoy tan convencida del cariño que te tengo, que no necesito demostrárselo a nadie”.
Se lo dejé pasar, ya había pasado dos facturas grandes el mismo día.
Quedamos en que, con sus tiempos porque el tema es muy delicado, iría hablando con Javier y encarando una terapia familiar. La semana siguiente se iba de vacaciones, a encontrarse con Alfredo en Estados Unidos y viajar un poco por la costa. Queria verme antes de irse, quedamos en un encuentro la semana siguiente.
Pero al día siguiente tocaba terapia.
ES IMPORTANTE SABER
miércoles, 29 de septiembre de 2010
lunes, 27 de septiembre de 2010
La rosa y el lecho - Epílogo
Pasaron casi tres años sin hablar con Felisa.
Mientras, seguí haciendo terapia.
Hubo una sesión en la que realmente no entendi nada.
Ni siquiera visualicé verdaderamente: todo parecían mas bien sugerencias de imágenes, tan superpuestas entre si, que lo más cercano a entender algo fue la sensación de que “en algún lado hubiera un conejo escondido en la nieve”.
Dos semanas atrás, me había hecho cargo de que me había terminado quedando, otra vez, casi un año en un lugar que pensara que era para no más de tres meses, llevando más de diez de dormir en el piso de la sala de ensayo de mi primo. Decidí cambiar eso, que ya me estaba haciendo doler el cuerpo, y me compré una almohada. Gasté casi $300, pero desde ese mismo día me empecé a quedar dormido.
La semana que tuve esa visualización indescriptible, decidí también que era hora de recuperar la colchoneta que usara de cama durante varios años, que quedara en casa de Felisa.
Llamé para avisar que iba a retirar mis cosas, me atendió el contestador, dejé mensaje avisando en que hora pensaba pasar y recibí como respuesta un txt de Felisa diciendo que a esa hora no estaba, que recordara que habían cambiado la cerradura, que me había hecho llegar un juego de las nuevas llaves un año atrás.
Pasé por la casa, noté algunos cambios, me llevé algunas cosas.
Y decidí retomar contacto.
A los dos días llamo a Felisa al celular y le digo que quiero hablar. Le parece bien.
Quedamos para el miércoles, cerca de su trabajo.
Llega el miércoles, con cierta ansiedad voy a la cita.
La encuentro en su trabajo. Se cortó mucho el pelo, subió algunos kilos.
Arreglamos que busca sus cosas mientras la espero en un bar cercano.
Llega y empieza a sacar charla. Me cuenta de su vida.
Entiendo que es al mismo tiempo un rodeo, tal vez un precalentamiento, y un movimiento que en otras circunstancias sería razonable.
Su madre murió este año. Me cuenta que también murió su última pareja importante, Guillermo, el padre de Francisca. Suicidio.
Que le robaron en la casa, sin violencia por suerte.
Siento un intento de hacerme sentir lástima, lo desestimo. Como dije, desde cierta perspectiva parece una charla razonable entre dos personas que no se ven hace mucho y se ponen al día mutuamente.
Excepto que yo no tengo nada que me interese contarle.
Llegado cierto punto, voy al grano.
“¿Que pensás de la situación de la familia?”
Mientras, seguí haciendo terapia.
Hubo una sesión en la que realmente no entendi nada.
Ni siquiera visualicé verdaderamente: todo parecían mas bien sugerencias de imágenes, tan superpuestas entre si, que lo más cercano a entender algo fue la sensación de que “en algún lado hubiera un conejo escondido en la nieve”.
Dos semanas atrás, me había hecho cargo de que me había terminado quedando, otra vez, casi un año en un lugar que pensara que era para no más de tres meses, llevando más de diez de dormir en el piso de la sala de ensayo de mi primo. Decidí cambiar eso, que ya me estaba haciendo doler el cuerpo, y me compré una almohada. Gasté casi $300, pero desde ese mismo día me empecé a quedar dormido.
La semana que tuve esa visualización indescriptible, decidí también que era hora de recuperar la colchoneta que usara de cama durante varios años, que quedara en casa de Felisa.
Llamé para avisar que iba a retirar mis cosas, me atendió el contestador, dejé mensaje avisando en que hora pensaba pasar y recibí como respuesta un txt de Felisa diciendo que a esa hora no estaba, que recordara que habían cambiado la cerradura, que me había hecho llegar un juego de las nuevas llaves un año atrás.
Pasé por la casa, noté algunos cambios, me llevé algunas cosas.
Y decidí retomar contacto.
A los dos días llamo a Felisa al celular y le digo que quiero hablar. Le parece bien.
Quedamos para el miércoles, cerca de su trabajo.
Llega el miércoles, con cierta ansiedad voy a la cita.
La encuentro en su trabajo. Se cortó mucho el pelo, subió algunos kilos.
Arreglamos que busca sus cosas mientras la espero en un bar cercano.
Llega y empieza a sacar charla. Me cuenta de su vida.
Entiendo que es al mismo tiempo un rodeo, tal vez un precalentamiento, y un movimiento que en otras circunstancias sería razonable.
Su madre murió este año. Me cuenta que también murió su última pareja importante, Guillermo, el padre de Francisca. Suicidio.
Que le robaron en la casa, sin violencia por suerte.
Siento un intento de hacerme sentir lástima, lo desestimo. Como dije, desde cierta perspectiva parece una charla razonable entre dos personas que no se ven hace mucho y se ponen al día mutuamente.
Excepto que yo no tengo nada que me interese contarle.
Llegado cierto punto, voy al grano.
“¿Que pensás de la situación de la familia?”
domingo, 26 de septiembre de 2010
Arcano Mayor XV - El Diablo
Ahora mismo esto no viene a cuento de nada, pero en un par de semanas, va a ser un machete útil.
Mazo Rider
Está visto que en toda cultura existe algún tabú.
El del incesto es el único comprobadamente universal, pero se puede decir tranquilamente que ninguna cultura acepta plenamente la vida biológica: en todas, uno u otro aspecto de la vida biológica, o que se desprende de ella, queda relegado al tabú.
Es explícitamente rechazado por el sistema cultural, y relegado entonces a la oscuridad del olvido o del secreto.
Esto puede tener ciertas consecuencias. Si bien el equilibrio psíquico puede cumplirse armónicamente sin necesidad de mantener todas las funciones vitales dentro de lo visible, sí resulta absolutamente necesario que se las acepte.
No es necesario mantenerlas dentro del rango de la conciencia, ni considerarlas con atención en lo cotidiano, pero tampoco es dable estar en conflicto con su existencia.
Estos aspectos de la vida biológica que se relegan a la inconciencia suelen ser los más crudos o primales: aquellos vinculados a la sexualidad, procreación, alimentación, defecación, poder creativo e instintos y emociones básicas como deseo, miedo, enojo, alegría, tristeza y amor.
Las ramificaciones de cada aplicación práctica de estos ítems básicos se vuelven absolutamente personales, y permiten que buena parte del concepto de esta carta se relacione con el concepto de “sombra” junguiano, que resumiremos acá como “todo aquello que uno no quiere saber que es”, incluyendo los tabúes culturales así como los familiares y personales: no quiero saber que soy mezquino, no quiero saber que tengo miedo de ciertas cosas, etc.
El problema recurrente es la delicadeza del tabú: es difícil mantener un límite amable y buenas relaciones con aquello de lo que no se puede hablar.
Es difícil no crear fantasmas al respecto y, ¿qué clase de fantasmas se pueden crear sobre algo de lo que, lo único que se sabe, es que no debe ser visto?
Dado que estos aspectos sobre los que es tan fácil crear miedo o rechazo morboso, son en realidad parte fundamental de la vida biológica, tienen un monto muy grande de energía.
Cuando las funciones que soportan este monto de energía se rodean de misterio y tabú, está todo en su lugar: se las puede satisfacer con respeto sin necesidad del concurso de la conciencia.
Cuando el tabú se mantiene armónicamente respetado y satisfecho, el Diablo cumple la misma función de la Fuerza, pero desde lo oculto a la conciencia.
Cuando se rodean, en cambio, de miedo o represión, comienza un círculo vicioso de inmenso peligro potencial.
La versión qliphótica, "invertida" y otros varios adjetivos, hecha por Souto para TC.
Este círculo vicioso se basa en la sustitución insatisfactoria: cuando el tabú no es bien manejado o transmitido, la norma de restricción que lo define se desdibuja, y comienza a incluír más cosas dentro del área de tabú, o se vuelve excesivamente fuerte, produciendo no ya misterio o respeto hacia lo que guarda, sino temor y rechazo.
Como desligarse del contenido del tabú es imposible, dado que no se pueden suspender las funciones biológicas, y tampoco se puede, en virtud de la excesiva fuerza de la restricción, establecer una relación afectiva positiva, la satisfacción adecuada de la función en cuestión comienza a verse comprometida.
Cuando la demanda del instinto crece, llega a la conciencia, pero no puede entrar claramente en ésta, debido a la restricción.
Aquí el individuo tiene pocas opciones: una es la introspección a nivel chamánico o sanador, donde termina confrontando y definiendo la necesidad en sí misma, y estableciendo modos de satisfacción adecuados.
Esto puede ocurrir en el nivel del Colgado.
Otra es el abandono a los instintos: cuando la restricción es voluntariamente aflojada y se permite aflorar lo que sea que esté debajo.
Cuando esto ocurre, el flujo de energía que se produce se parece bastanta a la conversión del Diablo en La Fuerza.
Pero la respuesta que caracteriza a esta carta no es ninguna de éstas, sino la de la sustitución: la conciencia no puede afrontar ni el cuestionamiento del tabú, ni el abandono de la restricción, ni persistir en la insatisfacción de la función.
Entonces, busca algo parecido, y lo consume.
Lo “parecido” del placebo es totalmente subjetivo, las asociaciones entre función y objeto están libradas a la historia del sujeto: líbido sexual puede canalizarse por comida o por objetos, necesidad de poder por consumo o relaciones abusivas, violencia por drogas.
Lo importante es que, en esta carta, la sustitución hincha pero no sacia: el sujeto consume y paga el placebo con sus consecuencias (problemas de salud, tiempo de su vida gastado en causas ilegítimas), mientras la necesidad original se mantiene insatisfecha, y vuelve a llamar, una vez tras otra.
En este momento, El Diablo es la cárcel de lo predestinado, las pautas circulares de conducta.
Aquello que uno no quiere hacer pero hace, una vez tras otra hasta la putrefacción o la violencia, merced del miedo, los deseos inmediatos, y la falta de imaginación o fuerza.
Mazo Thoth
El mazo thoth utiliza directamente una cabra para representar la vitalidad áspera y absoluta. Si la Fuerza es la chispa de vida imbuída en la carne, el Diablo es la carne animada por la chispa de vida. Es la diferencia entre un bemol y un sostenido: parece apenas una cuestión de sobre de qué lado se pone el énfasis, pero abre caminos muy divergentes.
La carta de referencia muestra la representación más común del diablo, un macho cabrío antropomorfo y bestial al mismo tiempo, que inflama las “bajas pasiones” (o el chakra de los instintos) del hombre al tiempo que lo ata al monolito de su pedestal. Uno y otro acto son lo mismo, por esta cualidad de “las pautas circulares de conducta”.
Muchos autores coinciden en señalar que las cadenas, en realidad, están flojas y pueden ser fácilmente quitadas, que no atan. Por más que las personas de la escena puedan señalar inmediatamente la cadena y el peso del monolito, así como el inmenso tamaño del diablo como las causas que los mantienen siempre en el mismo lugar oscuro, lo que las ata realmente es lo que ocurre a sus espaldas y en sus sentimientos: un traicionero y fogoso estímulo de los centros instintivos, que produce un flujo de energía hacia la valoración de todo lo material e inmediato, en detrimento de otras áreas de la experiencia, otras motivaciones, y otras acciones.
El sexo mecánico, la repetición de estructuras familiares o relaciones enfermas, la droga no por experiencia ó búsqueda sino por vicio, la embriaguez sin alegría sino embrutecedora, el miedo aberrante al cambio, la violencia hacia lo indefenso y lo dependiente de uno, son características del Diablo.
Todas las compulsiones imaginables, su reino.
En el resto del mazo del tarot, aparece constantemente la estrella de cinco puntas (pentáculo), pero con una punta hacia arriba, simbolizando el cuerpo humano guiado por el intelecto.
En esta carta, la cara del macho cabrío (símbolo de potencia sexual, pero transformado en algo monstruoso por su cuerpo parodialmente antropoide) se superpone con el pentáculo invertido, con dos puntas hacia arriba y una hacia abajo, indicando la prevalencia de los instintos y la animalidad por sobre el intelecto.
La carne animada por sobre el ánima encarnada.
Por más que esto tienda a sonar deseable para alguna gente, en realidad una integración armoniosa implica el diálogo entre las partes y la cesión del control a la parte con más recursos: el instinto sabe qué es lo esencial, el intelecto sabe conseguirlo de la mejor manera posible. El instinto sin intelecto no puede ver más allá de lo obvio, y cae en trampas sencillas o en la repetición de lo heredado, el intelecto sin instinto pierde de vista lo básico.
Hay otras cartas que indican dominio de una persona sobre otras.
Esa no es una característica de esta carta así que, de ser posible, es deseable en la idea de prisión mantener presente esto de la permanente posibilidad de simplemente irse: si la prisión son las pautas circulares y compulsivas de conducta, en definitiva, no es nada más que aquello que uno hace.
Por elección o no, pero sólo lo que uno hace.
Pueden entonces ser palabras clave para la interpretación de la carta: tabu - animalidad del cuerpo, no aceptada (ya sea en conflicto o en olvido) – represión – sustitución – vicio – poder – repetición
Baphomet, mucho en común, bastante más copado.
Mazo Rider
Está visto que en toda cultura existe algún tabú.
El del incesto es el único comprobadamente universal, pero se puede decir tranquilamente que ninguna cultura acepta plenamente la vida biológica: en todas, uno u otro aspecto de la vida biológica, o que se desprende de ella, queda relegado al tabú.
Es explícitamente rechazado por el sistema cultural, y relegado entonces a la oscuridad del olvido o del secreto.
Esto puede tener ciertas consecuencias. Si bien el equilibrio psíquico puede cumplirse armónicamente sin necesidad de mantener todas las funciones vitales dentro de lo visible, sí resulta absolutamente necesario que se las acepte.
No es necesario mantenerlas dentro del rango de la conciencia, ni considerarlas con atención en lo cotidiano, pero tampoco es dable estar en conflicto con su existencia.
Estos aspectos de la vida biológica que se relegan a la inconciencia suelen ser los más crudos o primales: aquellos vinculados a la sexualidad, procreación, alimentación, defecación, poder creativo e instintos y emociones básicas como deseo, miedo, enojo, alegría, tristeza y amor.
Las ramificaciones de cada aplicación práctica de estos ítems básicos se vuelven absolutamente personales, y permiten que buena parte del concepto de esta carta se relacione con el concepto de “sombra” junguiano, que resumiremos acá como “todo aquello que uno no quiere saber que es”, incluyendo los tabúes culturales así como los familiares y personales: no quiero saber que soy mezquino, no quiero saber que tengo miedo de ciertas cosas, etc.
El problema recurrente es la delicadeza del tabú: es difícil mantener un límite amable y buenas relaciones con aquello de lo que no se puede hablar.
Es difícil no crear fantasmas al respecto y, ¿qué clase de fantasmas se pueden crear sobre algo de lo que, lo único que se sabe, es que no debe ser visto?
Dado que estos aspectos sobre los que es tan fácil crear miedo o rechazo morboso, son en realidad parte fundamental de la vida biológica, tienen un monto muy grande de energía.
Cuando las funciones que soportan este monto de energía se rodean de misterio y tabú, está todo en su lugar: se las puede satisfacer con respeto sin necesidad del concurso de la conciencia.
Cuando el tabú se mantiene armónicamente respetado y satisfecho, el Diablo cumple la misma función de la Fuerza, pero desde lo oculto a la conciencia.
Cuando se rodean, en cambio, de miedo o represión, comienza un círculo vicioso de inmenso peligro potencial.
La versión qliphótica, "invertida" y otros varios adjetivos, hecha por Souto para TC.
Este círculo vicioso se basa en la sustitución insatisfactoria: cuando el tabú no es bien manejado o transmitido, la norma de restricción que lo define se desdibuja, y comienza a incluír más cosas dentro del área de tabú, o se vuelve excesivamente fuerte, produciendo no ya misterio o respeto hacia lo que guarda, sino temor y rechazo.
Como desligarse del contenido del tabú es imposible, dado que no se pueden suspender las funciones biológicas, y tampoco se puede, en virtud de la excesiva fuerza de la restricción, establecer una relación afectiva positiva, la satisfacción adecuada de la función en cuestión comienza a verse comprometida.
Cuando la demanda del instinto crece, llega a la conciencia, pero no puede entrar claramente en ésta, debido a la restricción.
Aquí el individuo tiene pocas opciones: una es la introspección a nivel chamánico o sanador, donde termina confrontando y definiendo la necesidad en sí misma, y estableciendo modos de satisfacción adecuados.
Esto puede ocurrir en el nivel del Colgado.
Otra es el abandono a los instintos: cuando la restricción es voluntariamente aflojada y se permite aflorar lo que sea que esté debajo.
Cuando esto ocurre, el flujo de energía que se produce se parece bastanta a la conversión del Diablo en La Fuerza.
Pero la respuesta que caracteriza a esta carta no es ninguna de éstas, sino la de la sustitución: la conciencia no puede afrontar ni el cuestionamiento del tabú, ni el abandono de la restricción, ni persistir en la insatisfacción de la función.
Entonces, busca algo parecido, y lo consume.
Lo “parecido” del placebo es totalmente subjetivo, las asociaciones entre función y objeto están libradas a la historia del sujeto: líbido sexual puede canalizarse por comida o por objetos, necesidad de poder por consumo o relaciones abusivas, violencia por drogas.
Lo importante es que, en esta carta, la sustitución hincha pero no sacia: el sujeto consume y paga el placebo con sus consecuencias (problemas de salud, tiempo de su vida gastado en causas ilegítimas), mientras la necesidad original se mantiene insatisfecha, y vuelve a llamar, una vez tras otra.
En este momento, El Diablo es la cárcel de lo predestinado, las pautas circulares de conducta.
Aquello que uno no quiere hacer pero hace, una vez tras otra hasta la putrefacción o la violencia, merced del miedo, los deseos inmediatos, y la falta de imaginación o fuerza.
Mazo Thoth
El mazo thoth utiliza directamente una cabra para representar la vitalidad áspera y absoluta. Si la Fuerza es la chispa de vida imbuída en la carne, el Diablo es la carne animada por la chispa de vida. Es la diferencia entre un bemol y un sostenido: parece apenas una cuestión de sobre de qué lado se pone el énfasis, pero abre caminos muy divergentes.
La carta de referencia muestra la representación más común del diablo, un macho cabrío antropomorfo y bestial al mismo tiempo, que inflama las “bajas pasiones” (o el chakra de los instintos) del hombre al tiempo que lo ata al monolito de su pedestal. Uno y otro acto son lo mismo, por esta cualidad de “las pautas circulares de conducta”.
Muchos autores coinciden en señalar que las cadenas, en realidad, están flojas y pueden ser fácilmente quitadas, que no atan. Por más que las personas de la escena puedan señalar inmediatamente la cadena y el peso del monolito, así como el inmenso tamaño del diablo como las causas que los mantienen siempre en el mismo lugar oscuro, lo que las ata realmente es lo que ocurre a sus espaldas y en sus sentimientos: un traicionero y fogoso estímulo de los centros instintivos, que produce un flujo de energía hacia la valoración de todo lo material e inmediato, en detrimento de otras áreas de la experiencia, otras motivaciones, y otras acciones.
El sexo mecánico, la repetición de estructuras familiares o relaciones enfermas, la droga no por experiencia ó búsqueda sino por vicio, la embriaguez sin alegría sino embrutecedora, el miedo aberrante al cambio, la violencia hacia lo indefenso y lo dependiente de uno, son características del Diablo.
Todas las compulsiones imaginables, su reino.
En el resto del mazo del tarot, aparece constantemente la estrella de cinco puntas (pentáculo), pero con una punta hacia arriba, simbolizando el cuerpo humano guiado por el intelecto.
En esta carta, la cara del macho cabrío (símbolo de potencia sexual, pero transformado en algo monstruoso por su cuerpo parodialmente antropoide) se superpone con el pentáculo invertido, con dos puntas hacia arriba y una hacia abajo, indicando la prevalencia de los instintos y la animalidad por sobre el intelecto.
La carne animada por sobre el ánima encarnada.
Por más que esto tienda a sonar deseable para alguna gente, en realidad una integración armoniosa implica el diálogo entre las partes y la cesión del control a la parte con más recursos: el instinto sabe qué es lo esencial, el intelecto sabe conseguirlo de la mejor manera posible. El instinto sin intelecto no puede ver más allá de lo obvio, y cae en trampas sencillas o en la repetición de lo heredado, el intelecto sin instinto pierde de vista lo básico.
Hay otras cartas que indican dominio de una persona sobre otras.
Esa no es una característica de esta carta así que, de ser posible, es deseable en la idea de prisión mantener presente esto de la permanente posibilidad de simplemente irse: si la prisión son las pautas circulares y compulsivas de conducta, en definitiva, no es nada más que aquello que uno hace.
Por elección o no, pero sólo lo que uno hace.
Pueden entonces ser palabras clave para la interpretación de la carta: tabu - animalidad del cuerpo, no aceptada (ya sea en conflicto o en olvido) – represión – sustitución – vicio – poder – repetición
Baphomet, mucho en común, bastante más copado.
jueves, 23 de septiembre de 2010
La rosca y el techo
Me tiro en la colchoneta, hago mis ejercicios de digitación, sueño un guión.
Miro el techo.
Me pregunto por las consecuencias inesperadas de publicar mi historia familiar en internet. Desde frases de Paulo Cohelo hasta reapariciones imposibles.
Una parte se pone seria y dice "¿qué esperabas, chabón!? lo pusiste en internet!".
Otra parte hace pucherito con el pie y dice "...pero si a mi no me lee nadie...".
Me pregunto sobre ser cuestionado por cosas que para mí son historia vieja, de dos años atrás. Me pregunto sobre el estancamiento creativo en la autobiografía.
¿Catarsis? ¿ejercicio? ¿vicio?.
Me pregunto... hubo un compromiso implícito que hice conmigo mismo, no lo dije nunca en voz alta. Quiero narrar una historia, una muy precisa. Infierno y cielo, en ese orden: el descubrimiento de estar rodeado de barro y el camino hasta la salvedad.
Y quiero que sea verdad.
Pero hay tanto que hacer...
Enredé algunas cosas, perdí otras. Y las que sé que estoy haciendo bien son lentas...
Parte del compromiso implícito era no mentir jamás, o al menos, desnudarme lo más posible. Hay algo de experimento humano en todo esto. Me considero un documento de no estoy seguro qué. Pero creo sinceramente que va a servir para algo. Para alguien. Para alguna cosa.
Hago mis ejercicios de digitación, miro la pared sin ventanas del lugar donde vivo.
La parte del final feliz llega, muy lenta, soterradamente.
Cada tanto es un vuelco brutal, en algún área. Un repentino golpe de muñeca que abre un camino vivencial totalmente nuevo: nuevas acciones, nuevas actitudes, nuevas preocupaciones.
El resto del tiempo parece que no pasara nada, mientras los enanos trabajan bajo tierra, montando la maquinaria, el robot gigante que de repente opera la revolución.
El compromiso es claro, inquebrantable: mi autobiografía, o más precisamente el ciclo que inicia con la locura de mi padre, tiene final feliz.
El presente está muy bueno ciertamente.
Faltan algunos pasos.
Miro el techo.
Me pregunto por las consecuencias inesperadas de publicar mi historia familiar en internet. Desde frases de Paulo Cohelo hasta reapariciones imposibles.
Una parte se pone seria y dice "¿qué esperabas, chabón!? lo pusiste en internet!".
Otra parte hace pucherito con el pie y dice "...pero si a mi no me lee nadie...".
Me pregunto sobre ser cuestionado por cosas que para mí son historia vieja, de dos años atrás. Me pregunto sobre el estancamiento creativo en la autobiografía.
¿Catarsis? ¿ejercicio? ¿vicio?.
Me pregunto... hubo un compromiso implícito que hice conmigo mismo, no lo dije nunca en voz alta. Quiero narrar una historia, una muy precisa. Infierno y cielo, en ese orden: el descubrimiento de estar rodeado de barro y el camino hasta la salvedad.
Y quiero que sea verdad.
Pero hay tanto que hacer...
Enredé algunas cosas, perdí otras. Y las que sé que estoy haciendo bien son lentas...
Parte del compromiso implícito era no mentir jamás, o al menos, desnudarme lo más posible. Hay algo de experimento humano en todo esto. Me considero un documento de no estoy seguro qué. Pero creo sinceramente que va a servir para algo. Para alguien. Para alguna cosa.
Hago mis ejercicios de digitación, miro la pared sin ventanas del lugar donde vivo.
La parte del final feliz llega, muy lenta, soterradamente.
Cada tanto es un vuelco brutal, en algún área. Un repentino golpe de muñeca que abre un camino vivencial totalmente nuevo: nuevas acciones, nuevas actitudes, nuevas preocupaciones.
El resto del tiempo parece que no pasara nada, mientras los enanos trabajan bajo tierra, montando la maquinaria, el robot gigante que de repente opera la revolución.
El compromiso es claro, inquebrantable: mi autobiografía, o más precisamente el ciclo que inicia con la locura de mi padre, tiene final feliz.
El presente está muy bueno ciertamente.
Faltan algunos pasos.
Muejejejeee
Nueva aparición en La Danza...

Nótese como:
a)- la ausencia y la distancia aumentan las proporciones: en la fiestarot posta no tocó Terranova. Bien bueno hubiera estado.
b)- el personaje desesperado por droga... no soy yo!!
Mil gracias Fede, también por el maquillaje.

Nótese como:
a)- la ausencia y la distancia aumentan las proporciones: en la fiestarot posta no tocó Terranova. Bien bueno hubiera estado.
b)- el personaje desesperado por droga... no soy yo!!
Mil gracias Fede, también por el maquillaje.
La rosa y el lecho - VIII
Por esa época me empecé a re encontrar con Celeste, de quien escribiera "Skinny". El regalo que le diera su madre para su cumpleaños número veintiuno fue la confesión de que su ex marido, el padre de Celeste, había violado a Celeste repetidas veces durante toda su infancia hasta abandonar la familia, tras lo cual ella, la madre de Celeste, había insistido en que "retomaran contacto" y, pese a que Celeste no quería ir y volvía siempre vomitando, la mandaba todos los fines de semana a la casa del padre.
Esta información me hizo entender porqué me sentía atraído por Cel, y porqué no debíamos coger nunca.
Pero hay tantas cosas más fuertes que uno.
Le pedí que me acompañara a un hospital donde daban una serie de talleres, con la esperanza de que ella también se enganchara, pero ni los talleres existían ni ella quería más terapia que la que venía haciendo.
Encontré la Fundación Argentina Contra la Violencia Familiar, dirigida por ahora no recuerdo quien y me da paja buscarlo.
Me atendió una señora mayor llamada Zelmira Ardiles, muy amable ella.
No tenía buena escucha, habló casi toda la duración de las dos sesiones que tomé, pero me dió información estadística muy útil.
Que una proporción brutal de los casos de abuso sexual se dan dentro de las familias, a veces por un familiar directo, a veces por un amigo cercano a la familia. Que ocurren siempre en familias que no consideran la contención de los niños prioridad. Que suele haber antecedentes familiares. Que por eso se las denomina familias "endogámicas".
Que el abuso siempre ocurre en un contexto de abandono, por lo cual excepto en casos muy puntuales la terapia casi no toca el aspecto del hecho concreto, sino todas las deformaciones que un crecimiento en soledad produce en la socialización.
Que las consecuencias del abuso en si son regulares: hipersexualidad, sexualización de todos los vínculos, incapacidad de forjar vínculos desde lo afectivo emocional, confusión entre el afecto, el interés y la sexualidad, tendencia a objetivar a los otros (resultado de la falta de estimulación social cruzada con el haber sido objetos sexuales) con los consiguientes problemas en todos los órdenes de relaciones.
Que muy comúnmente el abusador es el único que muestra alguna clase de interés hacia la víctima, que muy comúnmente la culpa o la estrategia lo llevan a compensar o sobornar a la víctima con regalos. Que muy comúnmente hacen una especie de pacto de silencio mentiroso, en el cual el abusador "promete no decir nada" para que los padres o responsables "no se enojen" con la víctima, que regularmente las víctimas creen haber sido los seductores y por lo tanto culpables del abuso.
Que cuando el varón de una familia endogámica madura, "empieza a probar" con las hermanas.
Que el pacto espúreo entre victimario y víctima no es el único: que todas las familias endogámicas mantienen secreto sobre su historia, que presentan un frente común hacia fuera y hacia dentro, que cuando la víctima denuncia el abuso regularmente se la hace callar pretendiendo que dice tonterías de niño, y si no es un niño o no se calla, se lo expulsa de la familia acusado de locura.
Que TODOS los miembros de una familia endogámica se alinean automáticamente, desprestigiando a la víctima, que por eso la confrontación es el último paso que se recomienda en la institución, porque si bien es, decía Zelmira "el único movimiento terapéuticamente válido", también es "el momento en que la víctima es re-victimizada por toda la familia", y regularmente el momento en que la víctima pierde del todo a esta familia. "Que mejor perdidos que encontrados, siempre", opina Zelmira, "pero no deja de ser una nueva pérdida con el consiguiente dolor".
En dos sesiones sentí que había recibido todo lo que Zelmira me podía dar: información que corroboraba punto por punto en qué cosas había tenido suerte, y en qué cosas mi caso era sólo una estadística más.
Probablemente, si Luci no hubera querido tanto a mi madre, no habría contado ante sus hijos los episodios referentes a Alfredo, y ellos no hubieran tenido pie para tomar postura propia frente a las acusaciones del resto de la familia, y ni queriendo podrían haberme tomado en serio.
Recordé un episodio muy confuso acerca de la casa donde hoy día vive Felisa: en cierto momento, Alicia nos dice que tenía demasiado dinero guardado, que quería invertirlo en una propiedad, pero que no quería pagar más impuestos por propiedades.
Alicia y Alfredo siempre fueron los económicamente fuertes de la familia, consiguiendo a Luci ocasionalmente, y a mi madre con regularidad, trabajos y changas. Felisa, de hecho, vivió parte de mi infancia del dinero que le mandaba Alfredo desde Estados Unidos a cambio de trabajos vagos como "cambiarle divisas". A la luz de lo que me contara Zelmira, ahora entendía porqué Felisa actuaba como si ese tipo de cosas, que otros hacen como un trámite de favor, era un trabajo que mereciera ser remunerado.
Alicia nos propone a Felisa, Javier y a mi, poco después de 2001, comprar una casa que quede a nombre nuestro. El dinero sería una especie de préstamo familiar, que iríamos devolviendo con el tiempo, cuando nuestras respectivas carreras comenzaran a funcionar.
Yo tomé ese préstamo como una carga a futuro, Javier me dijo claramente que lo consideraba un préstamo para no devolver jamás.
Al segundo año de vivir en esa casa, Felisa aparece diciendo que en una charla telefónica con Alfredo, éste había dicho la frase clave "ese dinero que te regalé".
Era una práctica común, también, en la familia, pedir dinero a Alfredo. Y era convención aceptada, que fuera quien fuera que se lo pidiera, Alfredo se lo daba, pero no directamente: se lo mandaba a Alicia. Alfredo nunca decía cuánto dinero había mandado, Alicia nunca contaba cuánto había recibido, y Luci o Felisa se conformaban con tomar lo que Alicia les re distribuyera.
Me llamó la atención semejante pacto extraño, hasta recordar escalofriado la frase de Zelmira "cuando el varón de una familia endogámica madura, "empieza a probar" con las hermanas". Los pactos de silencio. La verguenza de quienes se sienten socialmente inútiles.
El pacto económico entre Alicia y Alfredo me pareció una consecuencia natural de un pasado incestuoso compartido y consentido, y probablemente olvidado del todo a pura fuerza de voluntad.
Felisa insiste en que Alfredo "se dió cuenta de que había cometido un error" y "quiso arreglarlo" diciendo "yo no le expliqué bien a Alicia para quién era ese dinero...".
Sobre esta base, Felisa mantuvo una pelea a muerte con Alicia durante dos años, hasta que la enfermedad de Nacho las reunió.
Mientras, tampoco logro olvidar lo de que "la culpa o la estrategia llevan al abusador a compensar o sobornar a la víctima con regalos".
Fin.
Esta información me hizo entender porqué me sentía atraído por Cel, y porqué no debíamos coger nunca.
Pero hay tantas cosas más fuertes que uno.
Le pedí que me acompañara a un hospital donde daban una serie de talleres, con la esperanza de que ella también se enganchara, pero ni los talleres existían ni ella quería más terapia que la que venía haciendo.
Encontré la Fundación Argentina Contra la Violencia Familiar, dirigida por ahora no recuerdo quien y me da paja buscarlo.
Me atendió una señora mayor llamada Zelmira Ardiles, muy amable ella.
No tenía buena escucha, habló casi toda la duración de las dos sesiones que tomé, pero me dió información estadística muy útil.
Que una proporción brutal de los casos de abuso sexual se dan dentro de las familias, a veces por un familiar directo, a veces por un amigo cercano a la familia. Que ocurren siempre en familias que no consideran la contención de los niños prioridad. Que suele haber antecedentes familiares. Que por eso se las denomina familias "endogámicas".
Que el abuso siempre ocurre en un contexto de abandono, por lo cual excepto en casos muy puntuales la terapia casi no toca el aspecto del hecho concreto, sino todas las deformaciones que un crecimiento en soledad produce en la socialización.
Que las consecuencias del abuso en si son regulares: hipersexualidad, sexualización de todos los vínculos, incapacidad de forjar vínculos desde lo afectivo emocional, confusión entre el afecto, el interés y la sexualidad, tendencia a objetivar a los otros (resultado de la falta de estimulación social cruzada con el haber sido objetos sexuales) con los consiguientes problemas en todos los órdenes de relaciones.
Que muy comúnmente el abusador es el único que muestra alguna clase de interés hacia la víctima, que muy comúnmente la culpa o la estrategia lo llevan a compensar o sobornar a la víctima con regalos. Que muy comúnmente hacen una especie de pacto de silencio mentiroso, en el cual el abusador "promete no decir nada" para que los padres o responsables "no se enojen" con la víctima, que regularmente las víctimas creen haber sido los seductores y por lo tanto culpables del abuso.
Que cuando el varón de una familia endogámica madura, "empieza a probar" con las hermanas.
Que el pacto espúreo entre victimario y víctima no es el único: que todas las familias endogámicas mantienen secreto sobre su historia, que presentan un frente común hacia fuera y hacia dentro, que cuando la víctima denuncia el abuso regularmente se la hace callar pretendiendo que dice tonterías de niño, y si no es un niño o no se calla, se lo expulsa de la familia acusado de locura.
Que TODOS los miembros de una familia endogámica se alinean automáticamente, desprestigiando a la víctima, que por eso la confrontación es el último paso que se recomienda en la institución, porque si bien es, decía Zelmira "el único movimiento terapéuticamente válido", también es "el momento en que la víctima es re-victimizada por toda la familia", y regularmente el momento en que la víctima pierde del todo a esta familia. "Que mejor perdidos que encontrados, siempre", opina Zelmira, "pero no deja de ser una nueva pérdida con el consiguiente dolor".
En dos sesiones sentí que había recibido todo lo que Zelmira me podía dar: información que corroboraba punto por punto en qué cosas había tenido suerte, y en qué cosas mi caso era sólo una estadística más.
Probablemente, si Luci no hubera querido tanto a mi madre, no habría contado ante sus hijos los episodios referentes a Alfredo, y ellos no hubieran tenido pie para tomar postura propia frente a las acusaciones del resto de la familia, y ni queriendo podrían haberme tomado en serio.
Recordé un episodio muy confuso acerca de la casa donde hoy día vive Felisa: en cierto momento, Alicia nos dice que tenía demasiado dinero guardado, que quería invertirlo en una propiedad, pero que no quería pagar más impuestos por propiedades.
Alicia y Alfredo siempre fueron los económicamente fuertes de la familia, consiguiendo a Luci ocasionalmente, y a mi madre con regularidad, trabajos y changas. Felisa, de hecho, vivió parte de mi infancia del dinero que le mandaba Alfredo desde Estados Unidos a cambio de trabajos vagos como "cambiarle divisas". A la luz de lo que me contara Zelmira, ahora entendía porqué Felisa actuaba como si ese tipo de cosas, que otros hacen como un trámite de favor, era un trabajo que mereciera ser remunerado.
Alicia nos propone a Felisa, Javier y a mi, poco después de 2001, comprar una casa que quede a nombre nuestro. El dinero sería una especie de préstamo familiar, que iríamos devolviendo con el tiempo, cuando nuestras respectivas carreras comenzaran a funcionar.
Yo tomé ese préstamo como una carga a futuro, Javier me dijo claramente que lo consideraba un préstamo para no devolver jamás.
Al segundo año de vivir en esa casa, Felisa aparece diciendo que en una charla telefónica con Alfredo, éste había dicho la frase clave "ese dinero que te regalé".
Era una práctica común, también, en la familia, pedir dinero a Alfredo. Y era convención aceptada, que fuera quien fuera que se lo pidiera, Alfredo se lo daba, pero no directamente: se lo mandaba a Alicia. Alfredo nunca decía cuánto dinero había mandado, Alicia nunca contaba cuánto había recibido, y Luci o Felisa se conformaban con tomar lo que Alicia les re distribuyera.
Me llamó la atención semejante pacto extraño, hasta recordar escalofriado la frase de Zelmira "cuando el varón de una familia endogámica madura, "empieza a probar" con las hermanas". Los pactos de silencio. La verguenza de quienes se sienten socialmente inútiles.
El pacto económico entre Alicia y Alfredo me pareció una consecuencia natural de un pasado incestuoso compartido y consentido, y probablemente olvidado del todo a pura fuerza de voluntad.
Felisa insiste en que Alfredo "se dió cuenta de que había cometido un error" y "quiso arreglarlo" diciendo "yo no le expliqué bien a Alicia para quién era ese dinero...".
Sobre esta base, Felisa mantuvo una pelea a muerte con Alicia durante dos años, hasta que la enfermedad de Nacho las reunió.
Mientras, tampoco logro olvidar lo de que "la culpa o la estrategia llevan al abusador a compensar o sobornar a la víctima con regalos".
Fin.
lunes, 20 de septiembre de 2010
La rosa y el lecho - VII
Aparentemente, la idea original había sido de mi medio hermano Javier que, como estaría de viaje para la fecha del día de la madre, propuso a Felisa juntarse antes para festejarlo.
A lo cual Felisa dijera "bueno, pero invitémosla a Alicia, que está re triste". Y ya que iban a estar las dos juntas, sólo faltaría Lucila.
Cómo no invitarla.
Pero ya que iban a estar las tres hermanas y Javier, porqué no invitar además a los primos, para no tenerlo a Javier solo como único representante de la siguiente generación.
Así que un día José levanta el teléfono y escucha a Felisa decirle que Javier los invitaba a él y Dani a festejar el día de la madre por adelantado.
Se lo transmitió a Daniel, se tomaron unos minutos y, ya que supuestamente Javier los invitaba, lo llamaron directamente.
José charla un poco con él y le pregunta "che... ¿la idea de esta reunión cual es?¿juntarnos y hablar todos de lo que pasa con Roge, no?".
A lo que Javier, que tampoco come vidrio, reconoció "si, es una locura, juntémonos nosotros antes".
Se juntaron los tres primos, y de la charla que se dió ahí, José y Daniel quedaron excusados de asistir al festejo adelantado del dia de la madre.
Llegó el día en que nos juntamos a charlar, Dani y yo. Dani es, aunque suene extraño viniendo de mi, un tipo raro.
Algunas cosas suyas son recurrentes de mi familia, paterna y materna: una gran capacidad intelectual abstracta, y poquísimo contacto con la realidad.
Me sorprendió que, pese a propiciar el encuentro, me dijera que "le resultaba difícil creerme sin pruebas". Traté de hacerle entender que a los nueve años uno no entiende mucho de nada, y que no se me ocurrió redactar una confesión y pedirle a Alicia que la firme.
Al rato me cuenta la reunión con mi hermano, no recuerdo si él me sugiere o yo le pregunto, pero la parecía buena idea que me juntara con Javier a charlar. Lo veía muy dispuesto y con ganas, dijo.
Me pareció totalmente contrario a lo que conozco y sé de mi hermano, así que al poco tiempo le pregunté a José su opinión al respecto.
Tomó aire y dijo
"No". "No me parece buena idea".
"Como estudia biología nos explicó una teoría acerca de las sinapsis que explica que tu recuerdo es falso por ser recuperado bajo hipnosis".
Empecé a protestar que Javier ni siquiera sabe qué tipo de terapia hago, y José me interrumpió "no me expliques nada, lo que dice hace agua por todos lados, no tiene consistencia y no necesito saber de hipnosis ni de biología para darme cuenta: simplemente, no quiere saberlo".
Me urgió, pero poco, saber: "qué opina de lo de Alfredo y Felisa?"
"Le pregunté, pero me dijo que no había juntado coraje de preguntarle a Felisa".
Eso sí, condice con lo que sé de mi hermano.
A los pocos días, José me llama al trabajo: "Roge, no te quiero alarmar, pero están pasando algunas cosas feas, y me parece que tenés que estar al tanto".
"Llamaron Felisa y Alicia a casa, para pedirle a mi vieja que no te contara lo de Alfredo y Felisa, hace unos días".
"Mi vieja les dijo que ya te lo había contado, así que dos días después llamó Felisa para decir que ella lo iba a negar".
"Solamente te quería avisar que si te tratan de hacer pasar por loco, o algo así, acá en casa ya lo charlamos, y estamos con vos".
Después me enteraría que, excepto la reacción de Luci, José y Daniel, todo esto es de manual.
Un día nos sentamos con Raúl, mi tio político, ex de Alicia, padre de Nacho y Alejo. No nos veíamos desde la muerte de Nacho.
Charlamos un rato largo, me invitó la cena.
Que un familiar mayor que yo me invitara, ocupara el rol de mayor y de modo generoso, fue una experiencia nueva y agradable.
Insistió mucho en que "institucionalizara el asunto". Por un lado por la contención que una institución especializada puede proveer.
Por otro, parecía temer, mucho, futuras represalias de Alicia, y me convenía que el asunto estuviera asentado en algún lado.
Insinuó incluso palizas por matones pagos.
Me pareció mucho, pero me dejó dudando.
Alicia terapeuta se había alegrado mucho de que yo encarara a mi tia, y bastante menos de que la escrachara en el edificio.
Ya todo el asunto de los correos intrafamiliares le parecía algo quizás necesario para mi, para terminar yo de entender que no había nada que hacer con esta familia, pero en sí mismo intrascendente.
"Estás pidiéndoles que reconozcan que fueron malos con vos, pero no lo van a reconocer. Es como si les pidieras que fueran otras personas que quienes son". "Y además, vos no necesitás que ellos te reconozcan nada".
Tardé un poco más de otro año en ver las cosas a su manera.
Si le pareció interesante, en cambio, la idea de "institucionalizar el asunto". "Es simbólicamente apropiada" me dijo.
La detesté un rato, como siempre, y empecé a buscar una institución adecuada.
A lo cual Felisa dijera "bueno, pero invitémosla a Alicia, que está re triste". Y ya que iban a estar las dos juntas, sólo faltaría Lucila.
Cómo no invitarla.
Pero ya que iban a estar las tres hermanas y Javier, porqué no invitar además a los primos, para no tenerlo a Javier solo como único representante de la siguiente generación.
Así que un día José levanta el teléfono y escucha a Felisa decirle que Javier los invitaba a él y Dani a festejar el día de la madre por adelantado.
Se lo transmitió a Daniel, se tomaron unos minutos y, ya que supuestamente Javier los invitaba, lo llamaron directamente.
José charla un poco con él y le pregunta "che... ¿la idea de esta reunión cual es?¿juntarnos y hablar todos de lo que pasa con Roge, no?".
A lo que Javier, que tampoco come vidrio, reconoció "si, es una locura, juntémonos nosotros antes".
Se juntaron los tres primos, y de la charla que se dió ahí, José y Daniel quedaron excusados de asistir al festejo adelantado del dia de la madre.
Llegó el día en que nos juntamos a charlar, Dani y yo. Dani es, aunque suene extraño viniendo de mi, un tipo raro.
Algunas cosas suyas son recurrentes de mi familia, paterna y materna: una gran capacidad intelectual abstracta, y poquísimo contacto con la realidad.
Me sorprendió que, pese a propiciar el encuentro, me dijera que "le resultaba difícil creerme sin pruebas". Traté de hacerle entender que a los nueve años uno no entiende mucho de nada, y que no se me ocurrió redactar una confesión y pedirle a Alicia que la firme.
Al rato me cuenta la reunión con mi hermano, no recuerdo si él me sugiere o yo le pregunto, pero la parecía buena idea que me juntara con Javier a charlar. Lo veía muy dispuesto y con ganas, dijo.
Me pareció totalmente contrario a lo que conozco y sé de mi hermano, así que al poco tiempo le pregunté a José su opinión al respecto.
Tomó aire y dijo
"No". "No me parece buena idea".
"Como estudia biología nos explicó una teoría acerca de las sinapsis que explica que tu recuerdo es falso por ser recuperado bajo hipnosis".
Empecé a protestar que Javier ni siquiera sabe qué tipo de terapia hago, y José me interrumpió "no me expliques nada, lo que dice hace agua por todos lados, no tiene consistencia y no necesito saber de hipnosis ni de biología para darme cuenta: simplemente, no quiere saberlo".
Me urgió, pero poco, saber: "qué opina de lo de Alfredo y Felisa?"
"Le pregunté, pero me dijo que no había juntado coraje de preguntarle a Felisa".
Eso sí, condice con lo que sé de mi hermano.
A los pocos días, José me llama al trabajo: "Roge, no te quiero alarmar, pero están pasando algunas cosas feas, y me parece que tenés que estar al tanto".
"Llamaron Felisa y Alicia a casa, para pedirle a mi vieja que no te contara lo de Alfredo y Felisa, hace unos días".
"Mi vieja les dijo que ya te lo había contado, así que dos días después llamó Felisa para decir que ella lo iba a negar".
"Solamente te quería avisar que si te tratan de hacer pasar por loco, o algo así, acá en casa ya lo charlamos, y estamos con vos".
Después me enteraría que, excepto la reacción de Luci, José y Daniel, todo esto es de manual.
Un día nos sentamos con Raúl, mi tio político, ex de Alicia, padre de Nacho y Alejo. No nos veíamos desde la muerte de Nacho.
Charlamos un rato largo, me invitó la cena.
Que un familiar mayor que yo me invitara, ocupara el rol de mayor y de modo generoso, fue una experiencia nueva y agradable.
Insistió mucho en que "institucionalizara el asunto". Por un lado por la contención que una institución especializada puede proveer.
Por otro, parecía temer, mucho, futuras represalias de Alicia, y me convenía que el asunto estuviera asentado en algún lado.
Insinuó incluso palizas por matones pagos.
Me pareció mucho, pero me dejó dudando.
Alicia terapeuta se había alegrado mucho de que yo encarara a mi tia, y bastante menos de que la escrachara en el edificio.
Ya todo el asunto de los correos intrafamiliares le parecía algo quizás necesario para mi, para terminar yo de entender que no había nada que hacer con esta familia, pero en sí mismo intrascendente.
"Estás pidiéndoles que reconozcan que fueron malos con vos, pero no lo van a reconocer. Es como si les pidieras que fueran otras personas que quienes son". "Y además, vos no necesitás que ellos te reconozcan nada".
Tardé un poco más de otro año en ver las cosas a su manera.
Si le pareció interesante, en cambio, la idea de "institucionalizar el asunto". "Es simbólicamente apropiada" me dijo.
La detesté un rato, como siempre, y empecé a buscar una institución adecuada.
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